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Crecen inversiones privadas en Uruguay

En los primeros seis meses del corriente año, se presentaron ante la COMAP 301 proyectos por U$S 587 millones.

En el Informe Especial para PóLIZA, preparado por Grupo del Sur Asesores, se analiza este fenómeno que supera con amplitud al comportamiento de las inversiones durante el pasado año.

La productividad en América Latina como impulsor del crecimiento económico

La productividad en América Latina como impulsor del crecimiento económico Según un reciente informe publicado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), las economías de América Latina y el Caribe han padecido en los últimos 50 años un lento crecimiento económico debido a la baja productividad de los factores. Si bien muchos de estos países están presentando importantes tasas de crecimiento en los últimos años, el tiempo perdido en todas estas décadas ha sido muy costoso, generando una mayor brecha a nivel de ingreso entre los países desarrollados y los latinoamericanos y caribeños.
Por ejemplo, en 1960 el ingreso per cápita en América Latina fue casi un cuarto del de Estados Unidos, mientras que hoy es de apenas un sexto. Sin embargo, varios países de Asia oriental, cuyos niveles de renta en 1960 eran muy inferiores a los de América Latina y el Caribe, se están aproximando rápidamente a las naciones de ingreso alto.
El informe destaca una muy importante proyección y es que en algunos países de la región con el desarrollo de capital físico y humano que tienen y aplicando la eficiencia productiva de los Estados Unidos, podrían haber duplicado su ingreso per cápita, alcanzando una renta equivalente al tercio de la del gigante de América.
Cuando se habla de aumentar la productividad, se trata de encontrar las formas más eficientes de emplear la mano de obra, el capital físico y el capital humano que existan. Se vincula al concepto de elevar las mejores formas de transformación de los factores de producción acumulados en productos terminados. Para medir el desempeño en la utilización de los factores productivos de toda la región, los analistas del BID tomaron como referente la productividad de Estados Unidos y contrastaron los niveles de los países latinoamericanos respecto a este país. Actualmente Chile es el único país que aumento su productividad en comparación con EE.UU en los últimos cincuenta años.
Luego le siguieron Panamá, Brasil y Ecuador, formando estos el grupo de los que más redujeron la brecha de productividad. En el año 2005, Uruguay alcanzó un 63% de la productividad de Estados Unidos, quedando quinto a nivel latinoamericano.
Uno de los principales problemas detectados en el informe de la productividad de la región es que los países asignan demasiados recursos a empresas pequeñas y de baja productividad. Mientras que en Estados Unidos el 54% de las empresas tiene menos de 10 empleados, en Argentina el 84% de las compañías tiene 10 empleados pero como máximo. En México y Bolivia, estas pequeñas empresas representan más del 90% del total. Es algo comprobado a nivel mundial que las empresas menos productivas tienden a ser las más pequeñas. Una empresa latinoamericana con más de 100 empleados puede generar, en promedio, el doble del producto con los mismos recursos de una compañía que posee de 10 a 19 empleados.
A nivel sectorial, los servicios parecen ser los más rezagados en términos de mejoras en la productividad a nivel comparativo. La mayoría de los trabajadores de América Latina y el Caribe se encuentran ocupados en este sector, cuyo dinamismo es clave para mejorar la competitividad de los sectores primario e industrial, que dependen de buenos y eficientes medios de transporte y comunicación, sistemas de almacenamiento, de empaque y distribución, y muchos otros servicios. La productividad de los sectores agropecuario y industrial desde 1990 a 2005 ha mantenido una tendencia creciente, aunque levemente inferior a la dinámica de los países de ingreso alto y de Asia Central. En contrapartida el sector servicios ha permanecido estancado en todos estos años. Mientras que en el sector manufacturero, que emplea alrededor del 20% de la fuerza de trabajo, la brecha de productividad con Estados Unidos alcanza el 61%, la misma pero a nivel de servicios asciende a 85%.
Con el objetivo de enriquecer el análisis de las dimensiones de la problemática que enfrenta América Latina en términos de productividad, el informe del BID, investiga si las políticas de comercio exterior, crédito, impuestos, protección social, asistencia a la pequeña empresa, innovación y fomento industrial, constituyen las causas del bajo crecimiento de la productividad en la región.
Los altos costos del comercio exterior, principalmente los del transporte, han impedido que la región logre aprovechar todos los beneficios del mayor comercio internacional. Un sistema de transporte ineficaz, perjudica el nivel general de la productividad. La región, en conjunto, gasta en fletes casi el doble que Estados Unidos para importar sus bienes. La mayoría de los países latinoamericanos pagan tarifas de fletes más elevadas cuando exportan a Estados Unidos que los países del Lejano Oriente y de Europa. A modo de ejemplo, en 2006 el costo de flete de una exportación desde Uruguay a Estados Unidos, ascendía al 6,82% del valor de la venta, en cambio si la exportación se realizaba desde la Unión Europea, la relación flete/valor exportado asciende a 3,77%. La heterogeneidad en la región es muy alta, en países como Guatemala y Panamá y la mayoría del Caribe que se encuentran bastantes más cercanos a EE.UU, el ratio llega alcanzar el 7,5%.
El bajo nivel de crédito al sector privado ha sido un protagonista muy destacado en los países de escasas mejoras de productividad. A pesar de ya van dos décadas de desregulación financiera y de años de aplicar reformas al propio sistema, América Latina sigue presentando indicadores muy bajos en cuanto a desarrollo de su sistema financiero.
La consecuencia directa de la falta del crédito es, un estancamiento severo de la gran mayoría de las empresas, las más productivas no pueden expandirse ni alcanzar nuevos estándares de producción que le permitan ser más competitivos y las menos productivas no pueden financiar los cambios tecnológicos y las inversiones necesarias para no rezagarse y poder elevar su productividad.
La escasez de crédito tiene otro efecto nocivo en la productividad, que es la falta de incentivos que tienen las empresas informales para transformarse en formales, es decir para cumplir con las disposiciones impositivas, jurídicas y todas las referidas a la seguridad social. Con un sistema financiero más insertado y con mayor incidencia en el desarrollo de negocios privados, las empresas se exigirían así mismas bastante más y pasarían en su gran mayoría a estar en regla para poder ser consideradas a recibir crédito. La excesiva informalidad perjudica a la productividad al permitir que sobrevivan las empresas improductivas debido a que sus costos son bastante más bajos que las que se encuentran formalizadas. Sin lugar a dudas la expansión del crédito puede ayudar a formalizar empleo y empresas con el resultado directo de lograr un mejoramiento en los niveles de productividad.
El informe destaca la complejidad de los sistemas impositivos de la región, que también se caracterizan por ser segmentados e ineficientes. Las empresas de América Latina y el Caribe deben dedicar en promedio 320 horas al año para preparar sus declaraciones de impuestos, frente al promedio de 177 horas que se invierte en esta tarea en los países de ingreso alto. Casi todos los países tienen regímenes impositivos múltiples para empresas de diferentes tamaños, y la recaudación de impuestos es decididamente baja: 17% del producto interno bruto (PIB) en 2005, frente al 36% de los países desarrollados. Los impuestos a las ganancias resultan altos para los estándares internacionales, pero la recaudación es muy ineficiente debido a la fuerte evasión, sobre todo en las microempresas y pequeñas empresas. Sistemas tributarios ineficientes como los de la región, distorsionan fuertemente la asignación de recursos productivos, sucede que los sectores y las empresas en expansión no necesariamente son los más productivos, sino aquellos que gozan de mayores deducciones fiscales o los que pueden eludir de manera más sencilla las obligaciones tributarias. La creación de sistemas tributarios simplificados para la pequeña empresa incrementó la formalización, pero generó un efecto nocivo entre las mismas, y es que las incentiva a que sigan siendo pequeñas, permaneciendo en una escala muy limitada que conlleva a frenar los procesos de optimización de los recursos para mejorar su productividad, con motivo de evitar una fuerte caída en su rentabilidad por pasar a tributar en otra escala muy superior.
La simplificación, la unificación y el cumplimiento de las disposiciones en materia de impuestos que se aplican a las empresas podría hacer un enorme aporte a la productividad; a su vez, una mayor productividad incrementaría el PIB y los ingresos tributarios.
Las políticas sociales -concretadas mediante gastos o regulaciones del gobierno- pueden cambiar el comportamiento de los mercados laborales y afectar la productividad, impidiendo la asignación eficiente de recursos en una economía.
La estrategia para financiar la seguridad social mediante impuestos al trabajo formal incrementa los costos laborales no salariales e induce a los trabajadores y a las compañías a buscar la informalidad, lo cual genera una pobre asignación de recursos.
A su vez, los costos más elevados de la informalidad conducen a los gobiernos a aumentar la protección social de quienes carecen de un trabajo formal, lo cual como contrapartida reduce los incentivos para la búsqueda de empleos con cobertura social, distorsionando las decisiones de trabajadores y empresas acerca de las asignaciones laborales y la escala de operaciones por realizar, decisiones que a la larga afectan la productividad. Se estima que la informalidad creciente causa en América Latina y el Caribe pérdidas anuales de entre 0,4% y 5,2% del producto.
La gran mayoría de los programas de apoyo a las pequeñas y medianas empresas llevados a cabo en la región fueron mucho más enfocados en el empleo que en la productividad, o en el empleo productivo.
En promedio, las pequeñas empresas -en particular las más pequeñas- no necesariamente emplean recursos adicionales de manera más productiva que las empresas medianas y grandes. En todo caso, casi todas las pruebas recogidas sugieren lo contrario: muchas de las empresas más pequeñas son en realidad demasiado grandes para el tamaño que deberían tener porque se benefician de subsidios implícitos en forma de exenciones de impuestos y de aportaciones a la seguridad social. Por consiguiente, pueden no estar en condiciones de emplear mano de obra o capital adicionales de manera muy productiva, sobre todo en relación con las empresas más grandes.
El objetivo de esos programas no debería ser crear puestos de trabajo, sino crear empleos productivos, que puedan tener lugar en una empresa del tamaño que sea, inclusive en las PyME, sin necesariamente limitarse a ellas.
La capacidad de una sociedad y sus empresas de generar y asimilar el cambio tecnológico constituye un componente clave de la prosperidad y el crecimiento. Muchas empresas latinoamericanas invierten en innovación. Sin embargo, sus compromisos financieros representan solo un 0,5% de los ingresos brutos, frente al 2% -o el cuádruple- al que equivalen en los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Las empresas de la región dedican la mayor parte de los recursos que invierten para la innovación en asimilar la tecnología en forma de equipo y maquinaria nuevos, mientras que los países desarrollados invierten sobre todo en investigación y desarrollo.
El sector público es el que más gasta en investigación y desarrollo, pero se enfoca en la investigación básica en universidades y centros de investigación públicos que, con valiosas excepciones, tienen poca influencia en la innovación productiva y cuyos resultados científicos son insat isfactor ios para los estándares internacionales.
Los principales obstáculos para la innovación son la falta de financiamiento, los largos períodos para que se vuelva rentable, el pequeño tamaño de los mercados internos y la escasez de personal capacitado. Como consecuencia, el desarrollo de los mercados de crédito, la reducción de los costos de transporte y el mejoramiento de la educación y de la capacitación de los trabajadores pueden acrecentar los incentivos de las empresas para hacer innovaciones. Los gobiernos deben resolver fallas de comunicación entre los distintos participantes de los sistemas de innovación para obtener resultados positivos en materia de productividad.

Trabajo de "Grupo del Sur Asesores" especial para PóLIZA.

 

De vuelta al Proteccionismo

Como consecuencia del desarrollo de la era global de capitalismo, los países se encuentran más que nunca, fuertemente interconectados a nivel del capital, del comercio y del sistema financiero que engloba y comunica a todos los países vía transacciones cada vez más sencillas y rápidas. El comercio ha sido de las herramientas más dinamizadoras en las relaciones entre países y se viene intensificando año a año. La actual crisis internacional parece haberse convertido en un obstáculo en este vertiginoso avance y ha llevado a que la gran mayoría de los gobiernos vuelvan avivar al viejo fantasma del proteccionismo. Posiblemente en los últimos veinte años se ha llevado a cabo la intensificación más profunda del llamado capitalismo global desde que es conocido el mundo como tal. Este proceso se basa en la creciente interacción e interdependencia tanto de países como de regiones alrededor del globo. La era global de capitalismo se sostiene en la expansión de las modernas tecnologías de producción y del impresionante avance de las comunicaciones, transporte e informática, que ha generado importantes avances en las relaciones entre países con fuertes efectos macroeconómicos a nivel del comercio, de los movimientos de capital tanto físico como financiero y de la circulación de sofisticadas tecnologías a menores costos. No cabe duda que si bien estos avances tecnológicos lograron expandir el comercio mundial, su intensidad no hubiese sido tal, si los países no se hubiesen abocado en un proceso gradual de liberación comercial que empezó a profundizarse en el período de posguerra. A nivel global el comercio ha incrementado gradualmente su participación con respecto al PIB, impulsado por las altas tasas de crecimiento del comercio que son superiores a las del producto mundial.
La evidencia es clara al respecto de que si bien en los últimos años se han derribado muchas barrearas comerciales, hay que destacar que este proceso ha sido totalmente asimétrico, caracterizándose por ser desordenado y desigual. Muchos países han logrado alcanzar un importante progreso, caso de China, India, Vietnam y muchos países del sudeste asiático y la casi totalidad de los países desarrollados del resto del planeta y otros simplemente se han estancado como la inmensa mayoría de los países africanos y del Caribe.
La actual crisis internacional, que tuvo su primera explosión en el mercado de las hipotecas norteamericano, debido a una mala supervisión financiera a nivel general, de un sistema que se encuentra fuertemente interconectado globalmente, logró expandirse por el resto del continente y Europa en contados meses. Esta ha dejado a muchos países seriamente dañados, a los cuales les llevará años recuperarse y volver a alcanzar los niveles de PIB, empleo y deuda que tenían recientemente. En estos momentos en los cuales se buscan aplicar las políticas económicas más provechosas para restablecer el equilibrio es cuando surge el viejo fantasma del proteccionismo.
El proteccionismo en tiempos de crisis es considerada una mala palabra, y se debe al legado de los senadores republicanos Reed Smoot y Willis Hawley, quienes llevaron a cabo en 1930 un proyecto de ley arancelaria como medida ante la Gran Depresión del 29, llamado Ley Smoot -Hawley, que elevó los aranceles en un 50% a casi 20 mil productos, que si bien claramente no generaron la gran crisis, sus efectos profundizaron la misma al frenar ferozmente el comercio mundial.
Estos resultados, demostraron claramente que estas medidas van en la dirección equivocada.
En la actualidad con los prolongados efectos de la crisis, las presiones políticas parecen intensificarse y las mismas entonan una mayor intensificación de los procesos proteccionista para evitar mayores importaciones que compitan con el empleo local. Por este motivo los líderes del G-20 firmaron en noviembre de 2008 un acuerdo para evitar el uso de medidas proteccionistas. A pesar de esto, según los informes del Banco Mundial, varios países, incluyendo 17 de los que conforman el G-20, han aplicado 47 medidas con el efecto e restringir el comercio en perjuicio de los otros países.
Si bien es claro que la reducción en los niveles de comercio no es una consecuencia de una mayor protección, sino de la recesión mundial y del dañado sistema financiero que impide viabilizar un gran número de transacciones comerciales, la tendencia a un mayor cierre comercial genera una gran preocupación por el desenlace a futuro de la misma.
Los efectos de estas medidas sobre el comercio son difíciles de evaluar debido a la prevalencia de las medidas no arancelarias en la frontera, subvenciones y las protecciones de contingencias.
Los aumentos en los aranceles sólo representan un tercio del total de las medidas aplicadas a nivel global y la mitad de las llevadas a cabo por los países desarrollados, según el Banco Mundial. Por ejemplo Rusia subió los aranceles en el caso de autos usados y Ecuador los hizo en más de 600 artículos. Las medidas no arancelarias incluyen políticas como la de Argentina de elevar los requisitos en la concesión de licencias no automáticas en la compra de autopartes, textiles, televisores, juguetes, zapatos y artículos de cuero. En algunos países se han reforzado tanto las normas que ya prohíben directamente la entrada, como por ejemplo China, que prohíbe la importación de carne de cerdo de Irlanda y lácteos de España e India que prohibió la importación de juguetes chinos.
La UE anunció nuevas subvenciones a la exportación de mantequilla, queso y leche en polvo. En tanto China e India han incrementado la bonificación del sistema de devolución de derechos para los exportadores.
Las subvenciones a la exportación son particularmente graves porque contradicen con los objetivos del proyecto de Doha de proliferar en la eliminación de las mismas para 2013. En estas también se incluyen las subvenciones encubiertas en forma de créditos a la exportación, cuya modalidad es de uso creciente.
La industria automotriz ha sido la que ha llevado la bandera de recepción de subvenciones a nivel mundial, en total ascienden a unos 48.000 millones de dólares. Estados Unidos lleva gastado en subvenciones directas más de 17.000 millones de dólares en sus tres empresas nacionales, a esto se le suman importantes desembolsos en subvenciones directas e indirectas, así como a concesionarias y a proveedores de componentes de Canadá, Francia, Alemania, Reino Unido, China, Argentina, Brasil, Suecia, Italia, Australia, Corea del Sur y Portugal.
El objetivo de todas estas medidas es lograr que las empresas puedan preservar el empleo interno, incluso en desmedro de plantas externas de la misma compañía situadas en otros países. A nivel de vecinos, Canadá tuvo que otorgar subvenciones similares a las realizadas por EEUU a sus empresas de Detroit, para evitar que las empresas estadounidenses no cierren sus plantas en ese país.
Es destacable como el emergente proteccionismo se acopla de distintas maneras según el tipo de país. Los países desarrollados están fuertemente vinculados a la imposición de subvenciones en lugar de otro tipo de barreras, mientras que los países en desarrollo han desplegado un abanico de protección mucho más amplio. Las medidas de los primeros suelen ser menos directas, más encubiertas y generar un perjuicio menos en evidencia al otro competidor, mientras que las de los últimos, son identificadas más fácilmente y son catalogadas de restrictivas y antiliberales desde el comienzo. En definitiva lo que lleva a aplicar un tipo de medida y no el otro, es la solidez financiera que tienen los gobiernos de países desarrollados para realizar enormes desembolsos en forma de subvenciones, que ya en el inmediato plazo están generando serios problemas de déficits fiscales que inexorablemente se convertirán en mayores restricciones en el futuro inmediato.

Trabajo de "Grupo del Sur Asesores" especial para PóLIZA.

 

Incentivar con rentabilidad para mejorar el medio ambiente

En épocas de crisis un nuevo negocio puede aflorar: mejorar el medio ambiente. La considerada sostenibilidad del medio ambiente puede generar retribuciones a las naciones emergentes a través del mercado de los conocidos "bonos verdes" o "bonos de carbón" que en el mediano plazo pueden llegar a producir grandes ganancias si se siguen implementando y llevando a cabo emprendimientos que estén vinculados con un trato mucho menos hostil con el medio ambiente.

Sin lugar a dudas el 2009 fue el año oficial de un nuevo protagonista en la agenda internacional de los líderes y no líderes mundiales, que venía siendo referenciado desde hace varios años pero sin tener la inmensa connotación reciente; el cambio climático. Tuvo su mayor punto de atención en los meses de noviembre, mes previo a la cumbre sobre el cambio climático de Copenhague, Dinamarca, organizada por la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), cuando se generaban especulaciones de todo tipo sobre las implicancias que la cumbre podría arrojar y diciembre, mes en el cual se desarrolló la misma. El objetivo de la misma básicamente fue generar un nuevo marco normativo sobre las reglas de uso de un recurso común, el medio ambiente.

Dentro de los resultados se destacan, el comprometimiento a reducir cerca del 40% de las emisiones de dióxido de carbono para el 2020 de las grandes potencias, salvo las europeas que pusieron como límite un 20%; la provisión de de asistencia financiera a los países pobres con el propósito de ayudarlos a la aplicación de nuevas tecnologías menos contaminantes; y el compromiso en diseñar y seguir fomentando estrategias de transición para aquellos países emergentes que se están encaminando en procesos de crecimiento sostenido que han contaminado relativamente poco pero que lo harán de manera creciente en el futuro como parte del resultado del axioma de su propio progreso.

A nivel regional, si bien los tres pueden ser resultados bastante provechosos, el último es el que se perfila realmente con mayores probabilidades de concretarse y con beneficios más certeros. Concretamente se basa en canalizar financiamiento de los países desarrollados hacia los emergentes para que estos inviertan en programas específicos que apoyen proyectos relacionados con el cambio climático. La idea central es que como medida colateral al progreso de los emergentes se invierta también en forestación energías renovables y en nuevas tecnologías de producción que disminuyan o mitiguen la emisión de gases contaminantes.

El Banco Mundial es uno de los organismos promotores de esta estrategia financiera, amparado en el acuerdo de Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) firmado en 1997 en el Protocolo de Kyoto. A esta innovación financiera se le denominan "bonos verdes" o "bonos de carbono" que son los llamados CER, Certificados de Reducción de Emisiones que es la medida creada por Naciones Unidas para calcular las toneladas de emisiones de gases efecto invernadero que se reducen a través de los mecanismos de desarrollo limpio (producción limpia o captura de carbono). El esquema de transacción básico opera de la siguiente manera: los países emergentes llevan a cabo proyectos que de forma comprobada mitigan o reducen la emisión de dióxido de carbono, y esa reducción se mide en toneladas de carbono que tiene un precio de mercado, obviamente cuanto más se elimine, más certificados o bonos se podrán vender a los países más contaminantes y por lo tanto mayor cantidad de divisas ingresaran a los primeros.

Los compradores de estos certificados o bonos (derechos a contaminar) serán aquellas unidades de actividad que tengan déficit o que estén pasadas de sus límites de contaminación prefijados como hoy lo establece el Protocolo de Kyoto. En la gran mayoría de los casos las empresas que superan los límites se debe al tipo de tecnología que usan o la actividad que desempeñan. La generación de electricidad con carbón con tecnologías bastantes atrasadas es un ejemplo, la actividad agropecuaria en ciertos rubros y condiciones es otro. Lógicamente también habrá empresas que no utilicen todo su crédito ambiental y tengan un superávit. Acá opera el mercado y el precio de la unidad de carbono dependerá de la puja entre oferta y demanda. El precio pagado sería una forma de castigo por contaminar o una recompensa marginal que debería incentivar al menor uso de tecnologías obsoletas y nocivas para el medio ambiente o a la menor intensificación de actividades excesivamente contaminantes. La raíz de este sistema es que, el que contamina que pague, y que ese pago se redirija a compensar ese daño global, así sea marginalmente, a cualquier parte del mundo.

Como se mencionó anteriormente, el Banco Mundial desde hace un tiempo viene ganando bastante terreno en este tema. Hace un año aproximadamente lanzó sus primeros "bonos verdes", destinados a generar fondos adicionales para proyectos o programas que apoyan las actividades de baja emisión de carbono en países clientes. Según el organismo, la emisión recaudó aproximadamente 350 millones de dólares, por medio de inversores institucionales socialmente responsables, como así también de algunos inversionistas individuales que desean apoyar los proyectos relacionados con el cambio climático en los países en desarrollo. Con esta emisión aseguró a sus inversionistas una rentabilidad más alta que la de los títulos públicos, con una clasificación Aaa/AAA y por un período de seis años.

El destino de los fondos generados a través de los bonos debe ser girado a países emergentes y podría apoyar proyectos como: rehabilitación de plantas de energía e instalaciones de transmisión para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, instalaciones de parques solares o eólicos, financiación de nuevas tecnologías que resulten en reducciones significativas de las emisiones de gases de efecto invernadero, mejoramiento en el uso eficiente en el transporte, incluidos el abandono del uso de algunos combustibles por otros y el transporte masivo, tratamiento de residuos (emisión de metano) y construcción de viviendas dotadas de eficiencia energética, reducción del carbono por medio de la reforestación y evitando la deforestación, etc. Aproximadamente cada año se intercambian 150 millones de Bonos de Carbono en todo el mundo (equivalente aproximado a unos 2.250 millones de dólares); China, India y Brasil concentran el 70% del mercado. China participa con 65 millones, India con 23 y Brasil con 17 millones.

A nivel regional se pueden encontrar varias experiencias relacionadas a transacciones de bonos verdes. Claramente Brasil lleva la delantera en innovar en estos nuevos sistemas de financiamiento de actividades pro medio ambiente, seguidos por Chile y Colombia. La mayoría de estos proyectos son industriales, seguidos por los puramente energéticos, de residuos, de transporte, forestales y agrícolas. En su mayoría estos proyectos son llevados a cabo por capitales privados aunque existen algunos emprendimientos públicos. Algunos son microemprendimientos llevados por las propias comunas de algunas zonas que se ven colmadas de contaminación debido al uso de vehículos particulares. Concretamente en algunas localidades de Colombia y Chile, la comuna en el momento de renovación de los permisos vehiculares registra el cilindraje del automotor y el kilometraje recorrido en el año, a raíz de eso realiza una estimación en unidades de carbono de la contaminación generada por ese vehículo, luego la monetiza, multiplicándola por el precio internacional de la tonelada de carbono y calcula un monto a pagar por el daño causado al medio ambiente, que por ahora no es obligatorio, ya que no forma parte de un tributo. Lo recaudado con este sistema va a un fondo que se destina por lo general a reforestar y al financiamiento de emprendimientos de energía renovables. Por su parte, en nuestro país, se planea realizar un emprendimiento a cargo de la Intendencia Municipal de Montevideo, de t ratamiento de residuos, concretamente de los líquidos emanados de la basura, que a partir de cierto proceso se generará energía.

Según propios cálculos de la comuna, ya se negoció una transacción de "bonos verdes" con el Banco Mundial, del orden de los 2 millones de dólares. En esta línea hace pocos días se conoció de un acuerdo firmado por el Banco república (Brou) y Sumitomo Mitsui Banking Corporation (SMBC), banco japonés que según lo divulgado en la prensa, será el encargado de intermediar con sus clientes que necesiten comprar certificados de contaminación o "bonos verdes" y el Brou que se encargará de presentar a los potenciales vendedores de dichos bonos. Este acuerdo marca un interesante precedente en esta nueva materia, que puede proveer importantes beneficios para el país al mismo tiempo que obliga a comenzar a valorar todos los recursos forestales, hídricos y atmosféricos que posee, o lo que actualmente se denomina el capital ambiental. No caben duda que el mercado mundial de estos bonos es bastante prematuro, y se caracteriza por una controversial implementación, que engendra una importante incertidumbre en el valor de estos activos y en el potencial valor comercial de ayudar a conservar de manera más sana el medio ambiente, pero lo que es claro, es que, por ahora, parece ser el mejor mecanismo que puede ofrecer el mercado para ensuciar de la menor manera posible al planeta.

Trabajo de "Grupo del Sur Asesores" especial para PóLIZA.

 

Evolución de los depósitos y los créditos durante 2009

El 2009 se convirtió en un año record para las colocaciones de los ahorristas en el sistema bancario local. Estos depositaron 2.561 millones de dólares más que en el año pasado, ubicando al stock de depósitos en el máximo nivel de los últimos 11 años, (o sea desde que son públicas las cifras, a partir de diciembre de 1998) según cifras divulgadas por el Banco Central (BCU). A pesar del importante fondeo de los bancos los niveles de créditos siguen bastante bajos a pesar del intenso crecimiento de los últimos meses del pasado año. Los motivos principales de este comportamiento se deben al mayor consumo de las familias.

Concretamente el stock de depósitos totales en el sistema bancario cerró el año 2009 en 15.894 millones de dólares y las causas que permitieron alcanzar este record en el fondeo de los bancos están directamente vinculadas a la mejora de los ingresos de los hogares, que va en línea con el crecimiento de la actividad económica que se ha venido registrando en los últimos años. A esto se le suma el arribo de fondos provenientes del exterior, que están concentrados en nuevas inversiones y nuevas empresas que abren una cuenta para su operativa normal y aquellos foráneos que colocan en la plaza local con el solo motivo de conservar su riqueza segura y sin que les genere pérdidas.

Analizando los datos por monedas, se destaca el elevado crecimiento que han tenido los depósitos en moneda nacional, que en un año pasaron de 2.256 millones de dólares a 3.302 millones, marcando un crecimiento anual superior al 46% durante el 2009. Por su parte los depósitos en dólares siguen siendo los más relevantes aunque, se puede percibir claramente el cambio de moneda que estarían realizando los agentes en sus colaciones debido a la fuerte apreciación de la moneda nacional. Al cierre del mismo las colocaciones en dólares en el sistema alcanzaron los 12.217 millones, presentando un crecimiento de 14%, que si bien es un crecimiento bastante importante, comparado con otros años muestra un dinamismo marcadamente menor. En 2008 los depósitos en dólares crecieron un 23% y representaban el 81% de los depósitos totales, mientras que en 2009, debido al fuerte dinamismo de las colaciones en pesos ese ratio cayó al 77%. Actualmente los depósitos a la vista representan casi el 80% del total, y esta cifra responde directamente al bajo retorno que están teniendo las colocaciones a plazo fijo. Las colocaciones en dólares en promedio rondan el 1% de interés anual, que en un contexto cómo el del año pasado, en el que el peso cerró con una apreciación de 20% frente al dólar, dan como resultado un retorno negativo.

A nivel de pesos el resultado es positivo pero no muy redituable, la tasa promedio a diciembre por inmovilizar pesos en un año en el sistema bancario es del 7,1%, con una inflación anual del 6% da un margen real muy limitado pero positivo. El año 2009 la dinámica con los depósitos fue muy particular, debido claramente a los efectos de la crisis internacional. Al desatarse la misma los agentes cambiaron su participación hacia el dólar, como resguardo de valor por ser considerada una moneda fuerte y segura, a medida que el agite financiero y sus temblores iban cediendo, la gente comenzó lentamente a volver a colocar en pesos, y se empezó a gestar un fenómeno de repesificación de la economía, que se intensificó en los últimos meses del año cuando la apreciación del peso se aceleró.

Del aumento anual de 2.561 millones de dólares, 1.415 millones los absorbió la banca privada y 1.147 millones el Banco República (BROU). Este último al cierre del 2009 había alcanzado los 7.591 millones de dólares en depósitos mientras que la banca privada llegaba a los 9.308 millones. De los bancos privados el que cuenta con mayor stock de depósitos es el Santander, con casi 3.000 millones de dólares superando el 30% del mercado privado. Claramente el BROU sigue siendo el mayor banco del país, acumulando el 48% de los depósitos totales.

Créditos

Al mes de diciembre el stock de créditos concedidos al sector privado ascendió a 7.169 millones de dólares. Si de esta cifra se excluyen los créditos vencidos, que están vinculados a la alta morosidad que presenta el BHU, el nivel de créditos vigentes concedidos asciende a 6.281 millones de dólares. Esta cifra determina que en el año 2009 los mismos crecieron un 7,4%, lo que demuestra una dinámica claramente menor si se contrasta con el registro de 2008 donde los créditos crecieron casi un 22%.

El comportamiento de los créditos otorgados se vio muy fuertemente incidido por el desenlace de la crisis financiera internacional que impacto de lleno en su tasa de crecimiento. A partir del último trimestre de 2008, conocido el quiebre de Lehman Brothers, el stock de créditos tuvo más bajas y altas, y su contracción se intensificó a partir de mayo cuando se especulaba con tasas de crecimiento cero para la economía nacional y con cuantiosas pérdidas para los sectores transables que dependen fuertemente de la demanda externa. Ante este panorama poco claro, en el cual primaba la incertidumbre, el sector privado prefirió evitar contraer más deuda que pudiera agravar más aún su situación financiera, al mismo tiempo que el sector financiero es lógico que se haya vuelto más conservador a la hora de conceder préstamos debido a la mismas razones.

El crédito al sector privado residente denominado en moneda extranjera básicamente no se ha modificado si se toma el año de punta a punta, con una dinámica de crecimiento en los primeros meses para luego pasar a tener tasas negativas durante la última parte del año. Contrastando con esta situación, el crédito denominado en moneda nacional a lo largo del 2009 ha crecido un 21%, guarismo alcanzado gracias a los nuevos créditos otorgados en los últimos meses del año finalizado. La explicación medianamente depurada de este comportamiento está relacionado a factores de demanda, principalmente asociada a los sectores transables cuyo mercado a presentado una evolución bastante menor como consecuencia de la crisis a diferencia de la mayoría de los sectores no transables. La recuperación recién se hizo presente durante los últimos meses del año, debido que hasta ese entonces las tasas de crecimiento interanual de los créditos eran negativas. En los últimos dos meses de 2009 se concedieron créditos por 400 millones de dólares, lo que a nivel anualizado representaría una expansión del orden del 50% medido en dólares corrientes.

Por lo tanto en el último año se puede destacar el notorio aumento en la participación de los préstamos concedidos en moneda nacional. El fuerte dinamismo de estos en los últimos meses coincidió con el período de mayor apreciación de la moneda local, lo cual es una evidencia de la mayor pesificación de la economía nacional, que se vuelve más demandante de pesos y refuerza la apreciación del mismo observada en el año A pesar de la recuperación reciente de los créditos, la conclusión es que siguen en un nivel muy bajo para las posibilidades de crecimiento que tiene el país. En términos del PIB el stock de créditos vigentes se ubica en el 18%, cifra que representa casi la mitad de los guarismos alcanzado en el 2001.

¿Quiénes dinamizaron el crédito?

Analizando respecto a los principales demandantes de crédito a nivel de los distintos sectores de la economía se destacan de forma muy marcada a las familias. Es el sector más endeudado con el sistema financiero, al tanto que, al finalizar el 2009 con un stock de 2.170 millones de dólares representa el 35% del total de los préstamos vigentes concedidos a privados por el sistema bancario. La mejora en el nivel de empleo alcanzada en los últimos años conjuntamente con la intensa recuperación salarial han mejorado los niveles de los usuarios de los préstamos al consumo, transformándose en un sector rentable y relativamente más seguro para el sistema bancario.
Los otros segmentos del mercado que le siguen son los sectores del comercio y construcción. Como contraste a estos responsables del aumento del crédito en el último año, el sector manufacturero (segundo en relevancia en el total de créditos) presentó una caída de casi el 12% en el stock de créditos vigentes, esto en definitiva termina siendo una consecuencia directa de la dinámica negativa de la demanda externa, a raíz de la crisis internacional.

Nivel de reservas del BCU al cierre de 2009

Los activos de reserva del Banco Central siguen creciendo y al cierre del 2009 superaron los 8 mil millones de dólares. Las principales causas que explican esta ganancia, son la elevada compra de dólares realizada para evitar una mayor depreciación del dólar, y el cobro de la cuota por ser miembro del FMI. A su vez, estos dos factores expansivos explicaron el importante aumento en las reservas netas de obligaciones con el gobierno y con el sistema financiero que posee el BCU, que en los últimos diez años se caracterizaron por ser negativo o en niveles muy bajos.

Los activos de reserva del Banco Central (BCU) finalizado el 2009 alcanzaron los 8.037 millones de dólares, lo que reportó, en el año, un crecimiento en el stock de 1.676 millones de dólares, según cifras del Balance Monetario del BCU, divulgadas la semana pasada por esa entidad. El stock de cierre del año, está muy cerca al máximo histórico alcanzado el 28 de diciembre, en el cual los activos llegaron a los 8.219 millones de dólares. En cuanto al crecimiento, pese a la magnitud del aumento anual, el mismo no logró superar el umbral alcanzado en el 2008, año record de incremento, en el cual los activos registraron una suba de 2.239 millones de dólares.

Según los datos del propio Balance Monetario, el crecimiento de los activos durante 2009 se corresponde en primera instancia por las importantes compras de dólares en el mercado interbancario con el fin de evitar una mayor baja en la cotización del dólar. Concretamente durante 2009 se compraron en términos netos en el mercado formal, es decir bancos privados, casas financieras, cooperativas, Banco Hipotecario, de seguros y casas de cambios, 957 millones de dólares. También se realizaron compras por fuera del mercado formal, las que alcanzaron los 157 millones de dólares. El otro factor fundamentalmente expansivo de los activos durante el 2009, fue el cobro de 355 millones de dólares de la cuota de Uruguay en la asignación general de DEGs (Derechos especiales de giro) dirigida a los países miembros del FMI con el objetivo de aportar liquidez al mercado monetario mundial.

Cabe aclarar que gran parte de los activos de reserva a los que se hace referencia, en realidad son obligaciones que tiene el Central con el sector público y el sistema financiero. Respecto a este último en su mayoría son colocaciones que realizan los bancos comerciales en el Banco Central por concepto de encaje, esto es la porción de los depósitos que los bancos deben mantener de forma líquida. Es decir, si bien son reservas del BCU, no se los puede considerar como activopropios de la autoridad monetaria. Precisamente la liberación de encajes realizada durante el año, operó como uno de los factores contractivos, generando una disminución de los activos por 347 millones de dólares. El otro factor de incidencia negativa, fue el retiro de 288 millones de dólares en colocaciones de la banca pública en el BCU.

Si se excluye de la medición de los activos, aquellos que como se menciono arriba, están sujetos a obligaciones con el sector público y con el sistema financiero, el stock de reservas se reduce de 8.037 a 3.307 millones de dólares, lo que significaría una cifra más realista del monto actual de reservas propias del BCU. Al cierre de 2008 las reservas netas de obligaciones con el gobierno y el sistema financiero reportaban los 1.887 millones de dólares, es decir que durante el 2009 las reservas propias del BCU se han incrementado en 1.420 millones de dólares, lo que es considerado un crecimiento en términos anuales muy importante, llevando al stock de reservas a los niveles muy cercanos a los máximos históricos.

Cabe aclarar que el stock de cierre de 2008 está bastante condicionado con lo sucedido en los últimos meses del año como consecuencia de la agudización de la crisis internacional que generó un gran vuelco del mercado hacia el dólar, provocando una fuga de capitales y llevando a que el BCU perdiera reservas. A fines de setiembre el stock de activos de reserva alcanzaba los 6.400 millones, y en menos de dos meses se perdieron cerca de 700 millones de dólares, debido a que el BCU debió salir a vender dólares para no disparar la cotización de la moneda verde y evitar así mayor volatilidad. A propósito de esto, el dólar pasó de cotizar 19 pesos en agosto a 24 pesos en diciembre. Lógicamente sin la intervención del BCU el salto hubiese sido bastante mayor con consecuencias también más serias.

Antes de completar el primer trimestre de 2009, las pérdidas de activos de reservas del BCU se habían cubiertos e incluso superado los niveles previos a dicho suceso. A nivel de las reservas netas de obligaciones con el gobierno y el sistema financiero, la crisis internacional caló un poco más hondo. Los niveles previos a la crisis se pudieron recuperar recién a fines de agosto, al volver a alcanzar los 2.500 millones de dólares.

Si bien en los últimos meses de 2008 el país enfrentó una pequeña fuga de capitales como consecuencia del gran desequilibrio internacional, los efectos son muy marginales si se comparan con la anterior crisis vivida, de origen más que nada interno y no internacional como la de 2002. En ese entonces la fuga de capitales superó los 3.000 millones de dólares y dejó en caja del BCU en forma de activos de reserva poco más de 500 millones de dólares, luego, lo que pasó es historia conocida.

Trabajo de "Grupo del Sur Asesores" especial para PóLIZA.

 
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