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Crecen
inversiones privadas en Uruguay
En los primeros seis meses del corriente año, se presentaron
ante la COMAP 301 proyectos por U$S 587 millones.
En el Informe Especial para PóLIZA, preparado por Grupo
del Sur Asesores, se analiza este fenómeno que supera
con amplitud al comportamiento de las inversiones durante
el pasado año. 

La productividad en América
Latina como impulsor del crecimiento económico

La productividad en América
Latina como impulsor del crecimiento económico Según
un reciente informe publicado por el Banco Interamericano
de Desarrollo (BID), las economías de América
Latina y el Caribe han padecido en los últimos 50 años
un lento crecimiento económico debido a la baja productividad
de los factores. Si bien muchos de estos países están
presentando importantes tasas de crecimiento en los últimos
años, el tiempo perdido en todas estas décadas
ha sido muy costoso, generando una mayor brecha a nivel de
ingreso entre los países desarrollados y los latinoamericanos
y caribeños.
Por ejemplo, en 1960 el ingreso per cápita en América
Latina fue casi un cuarto del de Estados Unidos, mientras
que hoy es de apenas un sexto. Sin embargo, varios países
de Asia oriental, cuyos niveles de renta en 1960 eran muy
inferiores a los de América Latina y el Caribe, se
están aproximando rápidamente a las naciones
de ingreso alto.
El informe destaca una muy importante proyección y
es que en algunos países de la región con el
desarrollo de capital físico y humano que tienen y
aplicando la eficiencia productiva de los Estados Unidos,
podrían haber duplicado su ingreso per cápita,
alcanzando una renta equivalente al tercio de la del gigante
de América.
Cuando se habla de aumentar la productividad, se trata de
encontrar las formas más eficientes de emplear la mano
de obra, el capital físico y el capital humano que
existan. Se vincula al concepto de elevar las mejores formas
de transformación de los factores de producción
acumulados en productos terminados. Para medir el desempeño
en la utilización de los factores productivos de toda
la región, los analistas del BID tomaron como referente
la productividad de Estados Unidos y contrastaron los niveles
de los países latinoamericanos respecto a este país.
Actualmente Chile es el único país que aumento
su productividad en comparación con EE.UU en los últimos
cincuenta años.
Luego le siguieron Panamá, Brasil y Ecuador, formando
estos el grupo de los que más redujeron la brecha de
productividad. En el año 2005, Uruguay alcanzó
un 63% de la productividad de Estados Unidos, quedando quinto
a nivel latinoamericano.
Uno de los principales problemas detectados en el informe
de la productividad de la región es que los países
asignan demasiados recursos a empresas pequeñas y de
baja productividad. Mientras que en Estados Unidos el 54%
de las empresas tiene menos de 10 empleados, en Argentina
el 84% de las compañías tiene 10 empleados pero
como máximo. En México y Bolivia, estas pequeñas
empresas representan más del 90% del total. Es algo
comprobado a nivel mundial que las empresas menos productivas
tienden a ser las más pequeñas. Una empresa
latinoamericana con más de 100 empleados puede generar,
en promedio, el doble del producto con los mismos recursos
de una compañía que posee de 10 a 19 empleados.
A nivel sectorial, los servicios parecen ser los más
rezagados en términos de mejoras en la productividad
a nivel comparativo. La mayoría de los trabajadores
de América Latina y el Caribe se encuentran ocupados
en este sector, cuyo dinamismo es clave para mejorar la competitividad
de los sectores primario e industrial, que dependen de buenos
y eficientes medios de transporte y comunicación, sistemas
de almacenamiento, de empaque y distribución, y muchos
otros servicios. La productividad de los sectores agropecuario
y industrial desde 1990 a 2005 ha mantenido una tendencia
creciente, aunque levemente inferior a la dinámica
de los países de ingreso alto y de Asia Central. En
contrapartida el sector servicios ha permanecido estancado
en todos estos años. Mientras que en el sector manufacturero,
que emplea alrededor del 20% de la fuerza de trabajo, la brecha
de productividad con Estados Unidos alcanza el 61%, la misma
pero a nivel de servicios asciende a 85%.
Con el objetivo de enriquecer el análisis de las dimensiones
de la problemática que enfrenta América Latina
en términos de productividad, el informe del BID, investiga
si las políticas de comercio exterior, crédito,
impuestos, protección social, asistencia a la pequeña
empresa, innovación y fomento industrial, constituyen
las causas del bajo crecimiento de la productividad en la
región.
Los altos costos del comercio exterior, principalmente los
del transporte, han impedido que la región logre aprovechar
todos los beneficios del mayor comercio internacional. Un
sistema de transporte ineficaz, perjudica el nivel general
de la productividad. La región, en conjunto, gasta
en fletes casi el doble que Estados Unidos para importar sus
bienes. La mayoría de los países latinoamericanos
pagan tarifas de fletes más elevadas cuando exportan
a Estados Unidos que los países del Lejano Oriente
y de Europa. A modo de ejemplo, en 2006 el costo de flete
de una exportación desde Uruguay a Estados Unidos,
ascendía al 6,82% del valor de la venta, en cambio
si la exportación se realizaba desde la Unión
Europea, la relación flete/valor exportado asciende
a 3,77%. La heterogeneidad en la región es muy alta,
en países como Guatemala y Panamá y la mayoría
del Caribe que se encuentran bastantes más cercanos
a EE.UU, el ratio llega alcanzar el 7,5%.
El bajo nivel de crédito al sector privado ha sido
un protagonista muy destacado en los países de escasas
mejoras de productividad. A pesar de ya van dos décadas
de desregulación financiera y de años de aplicar
reformas al propio sistema, América Latina sigue presentando
indicadores muy bajos en cuanto a desarrollo de su sistema
financiero.
La consecuencia directa de la falta del crédito es,
un estancamiento severo de la gran mayoría de las empresas,
las más productivas no pueden expandirse ni alcanzar
nuevos estándares de producción que le permitan
ser más competitivos y las menos productivas no pueden
financiar los cambios tecnológicos y las inversiones
necesarias para no rezagarse y poder elevar su productividad.
La escasez de crédito tiene otro efecto nocivo en la
productividad, que es la falta de incentivos que tienen las
empresas informales para transformarse en formales, es decir
para cumplir con las disposiciones impositivas, jurídicas
y todas las referidas a la seguridad social. Con un sistema
financiero más insertado y con mayor incidencia en
el desarrollo de negocios privados, las empresas se exigirían
así mismas bastante más y pasarían en
su gran mayoría a estar en regla para poder ser consideradas
a recibir crédito. La excesiva informalidad perjudica
a la productividad al permitir que sobrevivan las empresas
improductivas debido a que sus costos son bastante más
bajos que las que se encuentran formalizadas. Sin lugar a
dudas la expansión del crédito puede ayudar
a formalizar empleo y empresas con el resultado directo de
lograr un mejoramiento en los niveles de productividad.
El informe destaca la complejidad de los sistemas impositivos
de la región, que también se caracterizan por
ser segmentados e ineficientes. Las empresas de América
Latina y el Caribe deben dedicar en promedio 320 horas al
año para preparar sus declaraciones de impuestos, frente
al promedio de 177 horas que se invierte en esta tarea en
los países de ingreso alto. Casi todos los países
tienen regímenes impositivos múltiples para
empresas de diferentes tamaños, y la recaudación
de impuestos es decididamente baja: 17% del producto interno
bruto (PIB) en 2005, frente al 36% de los países desarrollados.
Los impuestos a las ganancias resultan altos para los estándares
internacionales, pero la recaudación es muy ineficiente
debido a la fuerte evasión, sobre todo en las microempresas
y pequeñas empresas. Sistemas tributarios ineficientes
como los de la región, distorsionan fuertemente la
asignación de recursos productivos, sucede que los
sectores y las empresas en expansión no necesariamente
son los más productivos, sino aquellos que gozan de
mayores deducciones fiscales o los que pueden eludir de manera
más sencilla las obligaciones tributarias. La creación
de sistemas tributarios simplificados para la pequeña
empresa incrementó la formalización, pero generó
un efecto nocivo entre las mismas, y es que las incentiva
a que sigan siendo pequeñas, permaneciendo en una escala
muy limitada que conlleva a frenar los procesos de optimización
de los recursos para mejorar su productividad, con motivo
de evitar una fuerte caída en su rentabilidad por pasar
a tributar en otra escala muy superior.
La simplificación, la unificación y el cumplimiento
de las disposiciones en materia de impuestos que se aplican
a las empresas podría hacer un enorme aporte a la productividad;
a su vez, una mayor productividad incrementaría el
PIB y los ingresos tributarios.
Las políticas sociales -concretadas mediante gastos
o regulaciones del gobierno- pueden cambiar el comportamiento
de los mercados laborales y afectar la productividad, impidiendo
la asignación eficiente de recursos en una economía.
La estrategia para financiar la seguridad social mediante
impuestos al trabajo formal incrementa los costos laborales
no salariales e induce a los trabajadores y a las compañías
a buscar la informalidad, lo cual genera una pobre asignación
de recursos.
A su vez, los costos más elevados de la informalidad
conducen a los gobiernos a aumentar la protección social
de quienes carecen de un trabajo formal, lo cual como contrapartida
reduce los incentivos para la búsqueda de empleos con
cobertura social, distorsionando las decisiones de trabajadores
y empresas acerca de las asignaciones laborales y la escala
de operaciones por realizar, decisiones que a la larga afectan
la productividad. Se estima que la informalidad creciente
causa en América Latina y el Caribe pérdidas
anuales de entre 0,4% y 5,2% del producto.
La gran mayoría de los programas de apoyo a las pequeñas
y medianas empresas llevados a cabo en la región fueron
mucho más enfocados en el empleo que en la productividad,
o en el empleo productivo.
En promedio, las pequeñas empresas -en particular las
más pequeñas- no necesariamente emplean recursos
adicionales de manera más productiva que las empresas
medianas y grandes. En todo caso, casi todas las pruebas recogidas
sugieren lo contrario: muchas de las empresas más pequeñas
son en realidad demasiado grandes para el tamaño que
deberían tener porque se benefician de subsidios implícitos
en forma de exenciones de impuestos y de aportaciones a la
seguridad social. Por consiguiente, pueden no estar en condiciones
de emplear mano de obra o capital adicionales de manera muy
productiva, sobre todo en relación con las empresas
más grandes.
El objetivo de esos programas no debería ser crear
puestos de trabajo, sino crear empleos productivos, que puedan
tener lugar en una empresa del tamaño que sea, inclusive
en las PyME, sin necesariamente limitarse a ellas.
La capacidad de una sociedad y sus empresas de generar y asimilar
el cambio tecnológico constituye un componente clave
de la prosperidad y el crecimiento. Muchas empresas latinoamericanas
invierten en innovación. Sin embargo, sus compromisos
financieros representan solo un 0,5% de los ingresos brutos,
frente al 2% -o el cuádruple- al que equivalen en los
países de la Organización para la Cooperación
y el Desarrollo Económicos (OCDE). Las empresas de
la región dedican la mayor parte de los recursos que
invierten para la innovación en asimilar la tecnología
en forma de equipo y maquinaria nuevos, mientras que los países
desarrollados invierten sobre todo en investigación
y desarrollo.
El sector público es el que más gasta en investigación
y desarrollo, pero se enfoca en la investigación básica
en universidades y centros de investigación públicos
que, con valiosas excepciones, tienen poca influencia en la
innovación productiva y cuyos resultados científicos
son insat isfactor ios para los estándares internacionales.
Los principales obstáculos para la innovación
son la falta de financiamiento, los largos períodos
para que se vuelva rentable, el pequeño tamaño
de los mercados internos y la escasez de personal capacitado.
Como consecuencia, el desarrollo de los mercados de crédito,
la reducción de los costos de transporte y el mejoramiento
de la educación y de la capacitación de los
trabajadores pueden acrecentar los incentivos de las empresas
para hacer innovaciones. Los gobiernos deben resolver fallas
de comunicación entre los distintos participantes de
los sistemas de innovación para obtener resultados
positivos en materia de productividad.
Trabajo de "Grupo del
Sur Asesores" especial para PóLIZA.

De vuelta al Proteccionismo

Como consecuencia del desarrollo
de la era global de capitalismo, los países se encuentran
más que nunca, fuertemente interconectados a nivel
del capital, del comercio y del sistema financiero que engloba
y comunica a todos los países vía transacciones
cada vez más sencillas y rápidas. El comercio
ha sido de las herramientas más dinamizadoras en las
relaciones entre países y se viene intensificando año
a año. La actual crisis internacional parece haberse
convertido en un obstáculo en este vertiginoso avance
y ha llevado a que la gran mayoría de los gobiernos
vuelvan avivar al viejo fantasma del proteccionismo. Posiblemente
en los últimos veinte años se ha llevado a cabo
la intensificación más profunda del llamado
capitalismo global desde que es conocido el mundo como tal.
Este proceso se basa en la creciente interacción e
interdependencia tanto de países como de regiones alrededor
del globo. La era global de capitalismo se sostiene en la
expansión de las modernas tecnologías de producción
y del impresionante avance de las comunicaciones, transporte
e informática, que ha generado importantes avances
en las relaciones entre países con fuertes efectos
macroeconómicos a nivel del comercio, de los movimientos
de capital tanto físico como financiero y de la circulación
de sofisticadas tecnologías a menores costos. No cabe
duda que si bien estos avances tecnológicos lograron
expandir el comercio mundial, su intensidad no hubiese sido
tal, si los países no se hubiesen abocado en un proceso
gradual de liberación comercial que empezó a
profundizarse en el período de posguerra. A nivel global
el comercio ha incrementado gradualmente su participación
con respecto al PIB, impulsado por las altas tasas de crecimiento
del comercio que son superiores a las del producto mundial.
La evidencia es clara al respecto de que si bien en los últimos
años se han derribado muchas barrearas comerciales,
hay que destacar que este proceso ha sido totalmente asimétrico,
caracterizándose por ser desordenado y desigual. Muchos
países han logrado alcanzar un importante progreso,
caso de China, India, Vietnam y muchos países del sudeste
asiático y la casi totalidad de los países desarrollados
del resto del planeta y otros simplemente se han estancado
como la inmensa mayoría de los países africanos
y del Caribe.
La actual crisis internacional, que tuvo su primera explosión
en el mercado de las hipotecas norteamericano, debido a una
mala supervisión financiera a nivel general, de un
sistema que se encuentra fuertemente interconectado globalmente,
logró expandirse por el resto del continente y Europa
en contados meses. Esta ha dejado a muchos países seriamente
dañados, a los cuales les llevará años
recuperarse y volver a alcanzar los niveles de PIB, empleo
y deuda que tenían recientemente. En estos momentos
en los cuales se buscan aplicar las políticas económicas
más provechosas para restablecer el equilibrio es cuando
surge el viejo fantasma del proteccionismo.
El proteccionismo en tiempos de crisis es considerada una
mala palabra, y se debe al legado de los senadores republicanos
Reed Smoot y Willis Hawley, quienes llevaron a cabo en 1930
un proyecto de ley arancelaria como medida ante la Gran Depresión
del 29, llamado Ley Smoot -Hawley, que elevó los aranceles
en un 50% a casi 20 mil productos, que si bien claramente
no generaron la gran crisis, sus efectos profundizaron la
misma al frenar ferozmente el comercio mundial.
Estos resultados, demostraron claramente que estas medidas
van en la dirección equivocada.
En la actualidad con los prolongados efectos de la crisis,
las presiones políticas parecen intensificarse y las
mismas entonan una mayor intensificación de los procesos
proteccionista para evitar mayores importaciones que compitan
con el empleo local. Por este motivo los líderes del
G-20 firmaron en noviembre de 2008 un acuerdo para evitar
el uso de medidas proteccionistas. A pesar de esto, según
los informes del Banco Mundial, varios países, incluyendo
17 de los que conforman el G-20, han aplicado 47 medidas con
el efecto e restringir el comercio en perjuicio de los otros
países.
Si bien es claro que la reducción en los niveles de
comercio no es una consecuencia de una mayor protección,
sino de la recesión mundial y del dañado sistema
financiero que impide viabilizar un gran número de
transacciones comerciales, la tendencia a un mayor cierre
comercial genera una gran preocupación por el desenlace
a futuro de la misma.
Los efectos de estas medidas sobre el comercio son difíciles
de evaluar debido a la prevalencia de las medidas no arancelarias
en la frontera, subvenciones y las protecciones de contingencias.
Los aumentos en los aranceles sólo representan un tercio
del total de las medidas aplicadas a nivel global y la mitad
de las llevadas a cabo por los países desarrollados,
según el Banco Mundial. Por ejemplo Rusia subió
los aranceles en el caso de autos usados y Ecuador los hizo
en más de 600 artículos. Las medidas no arancelarias
incluyen políticas como la de Argentina de elevar los
requisitos en la concesión de licencias no automáticas
en la compra de autopartes, textiles, televisores, juguetes,
zapatos y artículos de cuero. En algunos países
se han reforzado tanto las normas que ya prohíben directamente
la entrada, como por ejemplo China, que prohíbe la
importación de carne de cerdo de Irlanda y lácteos
de España e India que prohibió la importación
de juguetes chinos.
La UE anunció nuevas subvenciones a la exportación
de mantequilla, queso y leche en polvo. En tanto China e India
han incrementado la bonificación del sistema de devolución
de derechos para los exportadores.
Las subvenciones a la exportación son particularmente
graves porque contradicen con los objetivos del proyecto de
Doha de proliferar en la eliminación de las mismas
para 2013. En estas también se incluyen las subvenciones
encubiertas en forma de créditos a la exportación,
cuya modalidad es de uso creciente.
La industria automotriz ha sido la que ha llevado la bandera
de recepción de subvenciones a nivel mundial, en total
ascienden a unos 48.000 millones de dólares. Estados
Unidos lleva gastado en subvenciones directas más de
17.000 millones de dólares en sus tres empresas nacionales,
a esto se le suman importantes desembolsos en subvenciones
directas e indirectas, así como a concesionarias y
a proveedores de componentes de Canadá, Francia, Alemania,
Reino Unido, China, Argentina, Brasil, Suecia, Italia, Australia,
Corea del Sur y Portugal.
El objetivo de todas estas medidas es lograr que las empresas
puedan preservar el empleo interno, incluso en desmedro de
plantas externas de la misma compañía situadas
en otros países. A nivel de vecinos, Canadá
tuvo que otorgar subvenciones similares a las realizadas por
EEUU a sus empresas de Detroit, para evitar que las empresas
estadounidenses no cierren sus plantas en ese país.
Es destacable como el emergente proteccionismo se acopla de
distintas maneras según el tipo de país. Los
países desarrollados están fuertemente vinculados
a la imposición de subvenciones en lugar de otro tipo
de barreras, mientras que los países en desarrollo
han desplegado un abanico de protección mucho más
amplio. Las medidas de los primeros suelen ser menos directas,
más encubiertas y generar un perjuicio menos en evidencia
al otro competidor, mientras que las de los últimos,
son identificadas más fácilmente y son catalogadas
de restrictivas y antiliberales desde el comienzo. En definitiva
lo que lleva a aplicar un tipo de medida y no el otro, es
la solidez financiera que tienen los gobiernos de países
desarrollados para realizar enormes desembolsos en forma de
subvenciones, que ya en el inmediato plazo están generando
serios problemas de déficits fiscales que inexorablemente
se convertirán en mayores restricciones en el futuro
inmediato.
Trabajo de "Grupo del
Sur Asesores" especial para PóLIZA.

Incentivar con rentabilidad
para mejorar el medio ambiente

En épocas de crisis
un nuevo negocio puede aflorar: mejorar el medio ambiente.
La considerada sostenibilidad del medio ambiente puede generar
retribuciones a las naciones emergentes a través del
mercado de los conocidos "bonos verdes" o "bonos
de carbón" que en el mediano plazo pueden llegar
a producir grandes ganancias si se siguen implementando y
llevando a cabo emprendimientos que estén vinculados
con un trato mucho menos hostil con el medio ambiente.
Sin lugar a dudas el 2009
fue el año oficial de un nuevo protagonista en la agenda
internacional de los líderes y no líderes mundiales,
que venía siendo referenciado desde hace varios años
pero sin tener la inmensa connotación reciente; el
cambio climático. Tuvo su mayor punto de atención
en los meses de noviembre, mes previo a la cumbre sobre el
cambio climático de Copenhague, Dinamarca, organizada
por la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre
el Cambio Climático (CMNUCC), cuando se generaban especulaciones
de todo tipo sobre las implicancias que la cumbre podría
arrojar y diciembre, mes en el cual se desarrolló la
misma. El objetivo de la misma básicamente fue generar
un nuevo marco normativo sobre las reglas de uso de un recurso
común, el medio ambiente.
Dentro de los resultados
se destacan, el comprometimiento a reducir cerca del 40% de
las emisiones de dióxido de carbono para el 2020 de
las grandes potencias, salvo las europeas que pusieron como
límite un 20%; la provisión de de asistencia
financiera a los países pobres con el propósito
de ayudarlos a la aplicación de nuevas tecnologías
menos contaminantes; y el compromiso en diseñar y seguir
fomentando estrategias de transición para aquellos
países emergentes que se están encaminando en
procesos de crecimiento sostenido que han contaminado relativamente
poco pero que lo harán de manera creciente en el futuro
como parte del resultado del axioma de su propio progreso.
A nivel regional, si bien
los tres pueden ser resultados bastante provechosos, el último
es el que se perfila realmente con mayores probabilidades
de concretarse y con beneficios más certeros. Concretamente
se basa en canalizar financiamiento de los países desarrollados
hacia los emergentes para que estos inviertan en programas
específicos que apoyen proyectos relacionados con el
cambio climático. La idea central es que como medida
colateral al progreso de los emergentes se invierta también
en forestación energías renovables y en nuevas
tecnologías de producción que disminuyan o mitiguen
la emisión de gases contaminantes.
El Banco Mundial es uno
de los organismos promotores de esta estrategia financiera,
amparado en el acuerdo de Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL)
firmado en 1997 en el Protocolo de Kyoto. A esta innovación
financiera se le denominan "bonos verdes" o "bonos
de carbono" que son los llamados CER, Certificados de
Reducción de Emisiones que es la medida creada por
Naciones Unidas para calcular las toneladas de emisiones de
gases efecto invernadero que se reducen a través de
los mecanismos de desarrollo limpio (producción limpia
o captura de carbono). El esquema de transacción básico
opera de la siguiente manera: los países emergentes
llevan a cabo proyectos que de forma comprobada mitigan o
reducen la emisión de dióxido de carbono, y
esa reducción se mide en toneladas de carbono que tiene
un precio de mercado, obviamente cuanto más se elimine,
más certificados o bonos se podrán vender a
los países más contaminantes y por lo tanto
mayor cantidad de divisas ingresaran a los primeros.
Los compradores de estos
certificados o bonos (derechos a contaminar) serán
aquellas unidades de actividad que tengan déficit o
que estén pasadas de sus límites de contaminación
prefijados como hoy lo establece el Protocolo de Kyoto. En
la gran mayoría de los casos las empresas que superan
los límites se debe al tipo de tecnología que
usan o la actividad que desempeñan. La generación
de electricidad con carbón con tecnologías bastantes
atrasadas es un ejemplo, la actividad agropecuaria en ciertos
rubros y condiciones es otro. Lógicamente también
habrá empresas que no utilicen todo su crédito
ambiental y tengan un superávit. Acá opera el
mercado y el precio de la unidad de carbono dependerá
de la puja entre oferta y demanda. El precio pagado sería
una forma de castigo por contaminar o una recompensa marginal
que debería incentivar al menor uso de tecnologías
obsoletas y nocivas para el medio ambiente o a la menor intensificación
de actividades excesivamente contaminantes. La raíz
de este sistema es que, el que contamina que pague, y que
ese pago se redirija a compensar ese daño global, así
sea marginalmente, a cualquier parte del mundo.
Como se mencionó
anteriormente, el Banco Mundial desde hace un tiempo viene
ganando bastante terreno en este tema. Hace un año
aproximadamente lanzó sus primeros "bonos verdes",
destinados a generar fondos adicionales para proyectos o programas
que apoyan las actividades de baja emisión de carbono
en países clientes. Según el organismo, la emisión
recaudó aproximadamente 350 millones de dólares,
por medio de inversores institucionales socialmente responsables,
como así también de algunos inversionistas individuales
que desean apoyar los proyectos relacionados con el cambio
climático en los países en desarrollo. Con esta
emisión aseguró a sus inversionistas una rentabilidad
más alta que la de los títulos públicos,
con una clasificación Aaa/AAA y por un período
de seis años.
El destino de los fondos
generados a través de los bonos debe ser girado a países
emergentes y podría apoyar proyectos como: rehabilitación
de plantas de energía e instalaciones de transmisión
para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero,
instalaciones de parques solares o eólicos, financiación
de nuevas tecnologías que resulten en reducciones significativas
de las emisiones de gases de efecto invernadero, mejoramiento
en el uso eficiente en el transporte, incluidos el abandono
del uso de algunos combustibles por otros y el transporte
masivo, tratamiento de residuos (emisión de metano)
y construcción de viviendas dotadas de eficiencia energética,
reducción del carbono por medio de la reforestación
y evitando la deforestación, etc. Aproximadamente cada
año se intercambian 150 millones de Bonos de Carbono
en todo el mundo (equivalente aproximado a unos 2.250 millones
de dólares); China, India y Brasil concentran el 70%
del mercado. China participa con 65 millones, India con 23
y Brasil con 17 millones.
A nivel regional se pueden
encontrar varias experiencias relacionadas a transacciones
de bonos verdes. Claramente Brasil lleva la delantera en innovar
en estos nuevos sistemas de financiamiento de actividades
pro medio ambiente, seguidos por Chile y Colombia. La mayoría
de estos proyectos son industriales, seguidos por los puramente
energéticos, de residuos, de transporte, forestales
y agrícolas. En su mayoría estos proyectos son
llevados a cabo por capitales privados aunque existen algunos
emprendimientos públicos. Algunos son microemprendimientos
llevados por las propias comunas de algunas zonas que se ven
colmadas de contaminación debido al uso de vehículos
particulares. Concretamente en algunas localidades de Colombia
y Chile, la comuna en el momento de renovación de los
permisos vehiculares registra el cilindraje del automotor
y el kilometraje recorrido en el año, a raíz
de eso realiza una estimación en unidades de carbono
de la contaminación generada por ese vehículo,
luego la monetiza, multiplicándola por el precio internacional
de la tonelada de carbono y calcula un monto a pagar por el
daño causado al medio ambiente, que por ahora no es
obligatorio, ya que no forma parte de un tributo. Lo recaudado
con este sistema va a un fondo que se destina por lo general
a reforestar y al financiamiento de emprendimientos de energía
renovables. Por su parte, en nuestro país, se planea
realizar un emprendimiento a cargo de la Intendencia Municipal
de Montevideo, de t ratamiento de residuos, concretamente
de los líquidos emanados de la basura, que a partir
de cierto proceso se generará energía.
Según propios cálculos
de la comuna, ya se negoció una transacción
de "bonos verdes" con el Banco Mundial, del orden
de los 2 millones de dólares. En esta línea
hace pocos días se conoció de un acuerdo firmado
por el Banco república (Brou) y Sumitomo Mitsui Banking
Corporation (SMBC), banco japonés que según
lo divulgado en la prensa, será el encargado de intermediar
con sus clientes que necesiten comprar certificados de contaminación
o "bonos verdes" y el Brou que se encargará
de presentar a los potenciales vendedores de dichos bonos.
Este acuerdo marca un interesante precedente en esta nueva
materia, que puede proveer importantes beneficios para el
país al mismo tiempo que obliga a comenzar a valorar
todos los recursos forestales, hídricos y atmosféricos
que posee, o lo que actualmente se denomina el capital ambiental.
No caben duda que el mercado mundial de estos bonos es bastante
prematuro, y se caracteriza por una controversial implementación,
que engendra una importante incertidumbre en el valor de estos
activos y en el potencial valor comercial de ayudar a conservar
de manera más sana el medio ambiente, pero lo que es
claro, es que, por ahora, parece ser el mejor mecanismo que
puede ofrecer el mercado para ensuciar de la menor manera
posible al planeta.
Trabajo de "Grupo del
Sur Asesores" especial para PóLIZA.

Evolución de
los depósitos y los créditos durante 2009
El 2009 se convirtió en
un año record para las colocaciones de los ahorristas
en el sistema bancario local. Estos depositaron 2.561 millones
de dólares más que en el año pasado,
ubicando al stock de depósitos en el máximo
nivel de los últimos 11 años, (o sea desde que
son públicas las cifras, a partir de diciembre de 1998)
según cifras divulgadas por el Banco Central (BCU).
A pesar del importante fondeo de los bancos los niveles de
créditos siguen bastante bajos a pesar del intenso
crecimiento de los últimos meses del pasado año.
Los motivos principales de este comportamiento se deben al
mayor consumo de las familias.
Concretamente el stock de depósitos
totales en el sistema bancario cerró el año
2009 en 15.894 millones de dólares y las causas que
permitieron alcanzar este record en el fondeo de los bancos
están directamente vinculadas a la mejora de los ingresos
de los hogares, que va en línea con el crecimiento
de la actividad económica que se ha venido registrando
en los últimos años. A esto se le suma el arribo
de fondos provenientes del exterior, que están concentrados
en nuevas inversiones y nuevas empresas que abren una cuenta
para su operativa normal y aquellos foráneos que colocan
en la plaza local con el solo motivo de conservar su riqueza
segura y sin que les genere pérdidas.
Analizando los datos por monedas,
se destaca el elevado crecimiento que han tenido los depósitos
en moneda nacional, que en un año pasaron de 2.256
millones de dólares a 3.302 millones, marcando un crecimiento
anual superior al 46% durante el 2009. Por su parte los depósitos
en dólares siguen siendo los más relevantes
aunque, se puede percibir claramente el cambio de moneda que
estarían realizando los agentes en sus colaciones debido
a la fuerte apreciación de la moneda nacional. Al cierre
del mismo las colocaciones en dólares en el sistema
alcanzaron los 12.217 millones, presentando un crecimiento
de 14%, que si bien es un crecimiento bastante importante,
comparado con otros años muestra un dinamismo marcadamente
menor. En 2008 los depósitos en dólares crecieron
un 23% y representaban el 81% de los depósitos totales,
mientras que en 2009, debido al fuerte dinamismo de las colaciones
en pesos ese ratio cayó al 77%. Actualmente los depósitos
a la vista representan casi el 80% del total, y esta cifra
responde directamente al bajo retorno que están teniendo
las colocaciones a plazo fijo. Las colocaciones en dólares
en promedio rondan el 1% de interés anual, que en un
contexto cómo el del año pasado, en el que el
peso cerró con una apreciación de 20% frente
al dólar, dan como resultado un retorno negativo.
A nivel de pesos el resultado
es positivo pero no muy redituable, la tasa promedio a diciembre
por inmovilizar pesos en un año en el sistema bancario
es del 7,1%, con una inflación anual del 6% da un margen
real muy limitado pero positivo. El año 2009 la dinámica
con los depósitos fue muy particular, debido claramente
a los efectos de la crisis internacional. Al desatarse la
misma los agentes cambiaron su participación hacia
el dólar, como resguardo de valor por ser considerada
una moneda fuerte y segura, a medida que el agite financiero
y sus temblores iban cediendo, la gente comenzó lentamente
a volver a colocar en pesos, y se empezó a gestar un
fenómeno de repesificación de la economía,
que se intensificó en los últimos meses del
año cuando la apreciación del peso se aceleró.
Del aumento anual de 2.561 millones
de dólares, 1.415 millones los absorbió la banca
privada y 1.147 millones el Banco República (BROU).
Este último al cierre del 2009 había alcanzado
los 7.591 millones de dólares en depósitos mientras
que la banca privada llegaba a los 9.308 millones. De los
bancos privados el que cuenta con mayor stock de depósitos
es el Santander, con casi 3.000 millones de dólares
superando el 30% del mercado privado. Claramente el BROU sigue
siendo el mayor banco del país, acumulando el 48% de
los depósitos totales.
Créditos
Al mes de diciembre el stock de
créditos concedidos al sector privado ascendió
a 7.169 millones de dólares. Si de esta cifra se excluyen
los créditos vencidos, que están vinculados
a la alta morosidad que presenta el BHU, el nivel de créditos
vigentes concedidos asciende a 6.281 millones de dólares.
Esta cifra determina que en el año 2009 los mismos
crecieron un 7,4%, lo que demuestra una dinámica claramente
menor si se contrasta con el registro de 2008 donde los créditos
crecieron casi un 22%.
El comportamiento de los créditos
otorgados se vio muy fuertemente incidido por el desenlace
de la crisis financiera internacional que impacto de lleno
en su tasa de crecimiento. A partir del último trimestre
de 2008, conocido el quiebre de Lehman Brothers, el stock
de créditos tuvo más bajas y altas, y su contracción
se intensificó a partir de mayo cuando se especulaba
con tasas de crecimiento cero para la economía nacional
y con cuantiosas pérdidas para los sectores transables
que dependen fuertemente de la demanda externa. Ante este
panorama poco claro, en el cual primaba la incertidumbre,
el sector privado prefirió evitar contraer más
deuda que pudiera agravar más aún su situación
financiera, al mismo tiempo que el sector financiero es lógico
que se haya vuelto más conservador a la hora de conceder
préstamos debido a la mismas razones.
El crédito al sector privado
residente denominado en moneda extranjera básicamente
no se ha modificado si se toma el año de punta a punta,
con una dinámica de crecimiento en los primeros meses
para luego pasar a tener tasas negativas durante la última
parte del año. Contrastando con esta situación,
el crédito denominado en moneda nacional a lo largo
del 2009 ha crecido un 21%, guarismo alcanzado gracias a los
nuevos créditos otorgados en los últimos meses
del año finalizado. La explicación medianamente
depurada de este comportamiento está relacionado a
factores de demanda, principalmente asociada a los sectores
transables cuyo mercado a presentado una evolución
bastante menor como consecuencia de la crisis a diferencia
de la mayoría de los sectores no transables. La recuperación
recién se hizo presente durante los últimos
meses del año, debido que hasta ese entonces las tasas
de crecimiento interanual de los créditos eran negativas.
En los últimos dos meses de 2009 se concedieron créditos
por 400 millones de dólares, lo que a nivel anualizado
representaría una expansión del orden del 50%
medido en dólares corrientes.
Por lo tanto en el último
año se puede destacar el notorio aumento en la participación
de los préstamos concedidos en moneda nacional. El
fuerte dinamismo de estos en los últimos meses coincidió
con el período de mayor apreciación de la moneda
local, lo cual es una evidencia de la mayor pesificación
de la economía nacional, que se vuelve más demandante
de pesos y refuerza la apreciación del mismo observada
en el año A pesar de la recuperación reciente
de los créditos, la conclusión es que siguen
en un nivel muy bajo para las posibilidades de crecimiento
que tiene el país. En términos del PIB el stock
de créditos vigentes se ubica en el 18%, cifra que
representa casi la mitad de los guarismos alcanzado en el
2001.
¿Quiénes dinamizaron
el crédito?
Analizando respecto a los principales
demandantes de crédito a nivel de los distintos sectores
de la economía se destacan de forma muy marcada a las
familias. Es el sector más endeudado con el sistema
financiero, al tanto que, al finalizar el 2009 con un stock
de 2.170 millones de dólares representa el 35% del
total de los préstamos vigentes concedidos a privados
por el sistema bancario. La mejora en el nivel de empleo alcanzada
en los últimos años conjuntamente con la intensa
recuperación salarial han mejorado los niveles de los
usuarios de los préstamos al consumo, transformándose
en un sector rentable y relativamente más seguro para
el sistema bancario.
Los otros segmentos del mercado que le siguen son los sectores
del comercio y construcción. Como contraste a estos
responsables del aumento del crédito en el último
año, el sector manufacturero (segundo en relevancia
en el total de créditos) presentó una caída
de casi el 12% en el stock de créditos vigentes, esto
en definitiva termina siendo una consecuencia directa de la
dinámica negativa de la demanda externa, a raíz
de la crisis internacional.
Nivel de reservas del BCU al cierre
de 2009
Los activos de reserva del Banco
Central siguen creciendo y al cierre del 2009 superaron los
8 mil millones de dólares. Las principales causas que
explican esta ganancia, son la elevada compra de dólares
realizada para evitar una mayor depreciación del dólar,
y el cobro de la cuota por ser miembro del FMI. A su vez,
estos dos factores expansivos explicaron el importante aumento
en las reservas netas de obligaciones con el gobierno y con
el sistema financiero que posee el BCU, que en los últimos
diez años se caracterizaron por ser negativo o en niveles
muy bajos.
Los activos de reserva del Banco
Central (BCU) finalizado el 2009 alcanzaron los 8.037 millones
de dólares, lo que reportó, en el año,
un crecimiento en el stock de 1.676 millones de dólares,
según cifras del Balance Monetario del BCU, divulgadas
la semana pasada por esa entidad. El stock de cierre del año,
está muy cerca al máximo histórico alcanzado
el 28 de diciembre, en el cual los activos llegaron a los
8.219 millones de dólares. En cuanto al crecimiento,
pese a la magnitud del aumento anual, el mismo no logró
superar el umbral alcanzado en el 2008, año record
de incremento, en el cual los activos registraron una suba
de 2.239 millones de dólares.
Según los datos del propio
Balance Monetario, el crecimiento de los activos durante 2009
se corresponde en primera instancia por las importantes compras
de dólares en el mercado interbancario con el fin de
evitar una mayor baja en la cotización del dólar.
Concretamente durante 2009 se compraron en términos
netos en el mercado formal, es decir bancos privados, casas
financieras, cooperativas, Banco Hipotecario, de seguros y
casas de cambios, 957 millones de dólares. También
se realizaron compras por fuera del mercado formal, las que
alcanzaron los 157 millones de dólares. El otro factor
fundamentalmente expansivo de los activos durante el 2009,
fue el cobro de 355 millones de dólares de la cuota
de Uruguay en la asignación general de DEGs (Derechos
especiales de giro) dirigida a los países miembros
del FMI con el objetivo de aportar liquidez al mercado monetario
mundial.
Cabe aclarar que gran parte de
los activos de reserva a los que se hace referencia, en realidad
son obligaciones que tiene el Central con el sector público
y el sistema financiero. Respecto a este último en
su mayoría son colocaciones que realizan los bancos
comerciales en el Banco Central por concepto de encaje, esto
es la porción de los depósitos que los bancos
deben mantener de forma líquida. Es decir, si bien
son reservas del BCU, no se los puede considerar como activopropios
de la autoridad monetaria. Precisamente la liberación
de encajes realizada durante el año, operó como
uno de los factores contractivos, generando una disminución
de los activos por 347 millones de dólares. El otro
factor de incidencia negativa, fue el retiro de 288 millones
de dólares en colocaciones de la banca pública
en el BCU.
Si se excluye de la medición
de los activos, aquellos que como se menciono arriba, están
sujetos a obligaciones con el sector público y con
el sistema financiero, el stock de reservas se reduce de 8.037
a 3.307 millones de dólares, lo que significaría
una cifra más realista del monto actual de reservas
propias del BCU. Al cierre de 2008 las reservas netas de obligaciones
con el gobierno y el sistema financiero reportaban los 1.887
millones de dólares, es decir que durante el 2009 las
reservas propias del BCU se han incrementado en 1.420 millones
de dólares, lo que es considerado un crecimiento en
términos anuales muy importante, llevando al stock
de reservas a los niveles muy cercanos a los máximos
históricos.
Cabe aclarar que el stock de cierre
de 2008 está bastante condicionado con lo sucedido
en los últimos meses del año como consecuencia
de la agudización de la crisis internacional que generó
un gran vuelco del mercado hacia el dólar, provocando
una fuga de capitales y llevando a que el BCU perdiera reservas.
A fines de setiembre el stock de activos de reserva alcanzaba
los 6.400 millones, y en menos de dos meses se perdieron cerca
de 700 millones de dólares, debido a que el BCU debió
salir a vender dólares para no disparar la cotización
de la moneda verde y evitar así mayor volatilidad.
A propósito de esto, el dólar pasó de
cotizar 19 pesos en agosto a 24 pesos en diciembre. Lógicamente
sin la intervención del BCU el salto hubiese sido bastante
mayor con consecuencias también más serias.
Antes de completar el primer trimestre
de 2009, las pérdidas de activos de reservas del BCU
se habían cubiertos e incluso superado los niveles
previos a dicho suceso. A nivel de las reservas netas de obligaciones
con el gobierno y el sistema financiero, la crisis internacional
caló un poco más hondo. Los niveles previos
a la crisis se pudieron recuperar recién a fines de
agosto, al volver a alcanzar los 2.500 millones de dólares.
Si bien en los últimos
meses de 2008 el país enfrentó una pequeña
fuga de capitales como consecuencia del gran desequilibrio
internacional, los efectos son muy marginales si se comparan
con la anterior crisis vivida, de origen más que nada
interno y no internacional como la de 2002. En ese entonces
la fuga de capitales superó los 3.000 millones de dólares
y dejó en caja del BCU en forma de activos de reserva
poco más de 500 millones de dólares, luego,
lo que pasó es historia conocida.
Trabajo de "Grupo del Sur
Asesores" especial para PóLIZA.
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