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Una
conciencia de prevención
A principios de los años noventa,
escuchamos decir a un experto en políticas de salud
que Uruguay no necesitaría crear más hospitales,
si cambiaba su tránsito, la dieta y el tabaquismo.
Por aquel tiempo, lo correcto era fumar -en la casa, en la
calle, en el trabajo, donde fuere- lo correcto era prescindir
del cinturón de seguridad y lo también correcto
-un sello de éxito personal- era tener panza.
Ha costado mucho, todo este tiempo, hacer entender a la gente
que en nuestro tránsito se mueren cada año tantos
seres humanos como en las batallas del siglo XIX, las mismas
que hoy horrorizan a cualquier lector de textos históricos.
Parece que solamente hemos cambiado las lanzas por los hierros
retorcidos, los degüellos por los traumatismos encéfalo
craneanos.
También ha costado enorme esfuerzo concienciar a la
población respecto a los efectos del tabaquismo, a
los más de cuarenta elementos cancerígenos que
ingresan al cuerpo con cada cigarrillo. O a la importancia
de saber lo que se come, una práctica llena de mitos
e ignorancias que en particular en Uruguay, pasa por creer
que se vive para comer carne y no que se come carne para vivir.
Semanas atrás, el Director del Instituto Universitario
de Tráfico y Seguridad Vial de la Universidad de Valencia,
Francisco Toledo, nos demostró a los uruguayos -con
un video estremecedor- la trascendencia de abrochar el cinto
de seguridad por parte de todos los pasajeros que ocupan los
asientos traseros. Claro... fue necesario que previo a ello,
Porto Seguro y el ISEV, recorrieran el país abriendo
las conciencias de diversos actores del tráfico y convocaran
a ir a más en esto de prevenir. Que es decir, en realidad,
cuidar la vida y la calidad con que la misma es disfrutada.
En ese desafío, sólo podremos triunfar de la
mano de la prevención y de la educación. Pues
sólo ésta despertará las conciencias
de las muchedumbres hoy agobiadas por el consumismo.
Una sórdida guerra se ha instalado entre los seres
humanos. La que enfrenta al riesgo con la prevención
y viceversa. Sepamos advertir que no tenemos menos derecho
a equivocarnos sobre el lado en el que debemos estar, pues
son nuestros hijos y nietos quienes hoy saben más que
nosotros qué mundo quieren y cuál no. Y esa
voluntad generacional es la que debemos respetar. Alcanza
con plantear temas como el recalentamiento global, el cigarrillo,
el tránsito o la corriente crisis financiera mundial,
para entender que quienes hoy estamos en condiciones de generar
nuevas condiciones de vida para la humanidad y sus futuras
generaciones, debemos hacerlo teniendo presente que el conocimiento,
la tecnología y la experiencia, auguran menores márgenes
de error.
De ahí que todo lo que apunte a una responsable práctica
de la prevención en la sociedad uruguaya, tiene y tendrá
el apoyo de nuestros espacios editoriales.
DIEGO
MARTÍNEZ/ DIRECTOR
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