Sobre responsabilidades
La conciencia acerca de los deberes que a cada uno corresponde
cumplir en la vida de la sociedad, parece por momentos despertar
en Uruguay. Y por momentos volver a dormirse.
Evidencia
de ello, es que por estos pagos no ha prosperado lo que se
denomina “industrias del juicio”. Es imaginable que una parte
considerable de quienes incurren en la generación de un daño
a otro, hoy por hoy esté procurando resarcir a la víctima,
mediante la realización de transacciones indemnizatorias.
Y también es probable que si no lo hace, alguna compañía aseguradora
termine ofreciendo una solución, como derivación de decisiones
tomadas por los particulares que quisieron asumir responsabilidad
por sus posibles futuras conductas ilícitas.
Podríamos
decir, entonces, que nuestra sociedad se encuentra en una
etapa más avanzada de la responsabilidad particular o personal
de sus integrantes.
Pero penden
aún zonas oscuras, en las que prolifera el “no te metás”,
“yo no fui”, “vamos a ver” o “que se nombre una comisión”,
que es necesario agitar para que los indicados asuman que
ha llegado la hora de actuar.
Y a este respecto
es ineludible señalar a quienes gobiernan, quienes controlan
y quienes educan, como primeros convocados a asumir protagonismo
en la formulación de nuevos formatos para la asunción de responsabilidades.
Si una norma
no dice que la víctima de un accidente de tránsito siempre
será indemnizada, o que la calle debe ser cruzada de tal modo,
o que la bicicleta no puede ser utilizada sin casco, el deber
de responder por inconductas al respecto quedará en una nebulosa
y la conciencia sobre la responsabilidad apenas será un aspecto
de debate.
Si vigentes
esas normas, quienes deben inspeccionar su aplicación y cumplimiento,
no lo hacen, entonces el sistema se vuelve Cambalache.
Si además
de todo, el sistema educativo mira para el costado y entiende
que es más importante saber de Tutankamón que de tránsito,
seguros o tabaquismo, posiblemente no haya país en algún tiempo.
PóLIZA ha
iniciado una campaña para despertar la conciencia de la responsabilidad,
del cumplimiento de los cometidos que parecen flotar en el
éter porque no hay nadie que los baje a tierra. Basta leer
varios de los trabajos que incluye este número para entender
que con la vida y la integridad física no se puede estar mirando
para el costado todo el tiempo.
DIEGO MARTINEZ / DIRECTOR
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