| 

¿Quién
entiende al seguro? Las confusiones
van y vienen con el seguro y su rol. Hay quienes creen que es un tema de ricos.
Otros -cuando se aborda el seguro de vida- creen que es un tema para muertos.
Y hasta existen, todavía, quienes creen que es simplemente un negocio de grandes
centros financieros para succionar la poca riqueza que generan las sociedades
del mundo en desarrollo. Alcanza con leer a Celia Viana en su columna para
darnos cuenta lo equivocados y alejados que estamos de entender el valor de una
plaza de seguros fuerte, sana, consolidada y al mismo tiempo, de clientes, compañías,
agremiaciones, intermediadores, técnicos, prevencionistas y tantos más, involucrados
en sus compromisos y oficios. Nos tienta, empero, agregar algún punto de vista
enfocado al más allá y más acá de la actividad de seguros, fundamentalmente en
relación a lo que ocurrió hace casi un año en este país, el 23 de agosto, cuando
nos visitó un ciclón, sí, un ciclón subtropical. Diez personas fallecieron,
centenares recibieron lesiones y muchos bienes fueron dañados por ese evento climático
para el que no estábamos preparados. Ni el antes ni el después del ciclón permite
al Uruguay encontrarse con lo mejor de sí. Fundamentalmente a su sistema público.
Yerros, distracciones, omisiones, debilidades, en el antes. Lentitud, desconexión,
"a mí no me mires", "vamos a ver", ineficacia, en el después. Pero nadie
ha podido decir ni una sola palabra de la capacidad de nuestra plaza de seguros
para responder ante, tal vez, el siniestro más importante en muchos años. Personas,
casas, vehículos, árboles, comercios, jardines, cables, de todo, fue dañado y
afectado y en breve plazo recuperado o indemnizado merced a la capacidad de respuesta
de las compañías aseguradoras que operan en Uruguay, a los corredores, tasadores,
peritos, abogados y otros colaboradores. El resultado de esa gestión fue destacado
sobriamente. Como correspondía por otra parte, sin alharaca, con el sonido del
deber cumplido. ¿Por qué fue posible responder así? ¿Por qué, luego de brindar
una respuesta de tal eficacia, apenas se destacó el hecho en voz baja. Sólo cabe
una respuesta: son años. La actividad aseguradora, aunque Uruguay afortunadamente
esté exento de catástrofes que en otras localidades anticipan el Apocalipsis,
carga históricamente -son siglos en realidad- y en cualquier lugar, con un acervo
de conocimientos, experiencias, tecnologías, respuestas y herramientas, que le
permiten sanear las peores realidades afectadas. En tal medida, que uno de sus
principales activos es haber especializado personas, recursos e instituciones
en lo que se llama "gerencia de riesgos". Santa Rosa ya nos avisó el año pasado.
Por lo que hemos apreciado en el correr de este año, apenas se han escuchado voces
desde la sociedad, desde los barrios, instando a la organización de grupos ciudadanos
para la emergencia civil. Desde los ámbitos públicos, casi nada, algún "yo no
fui" que otro. Santa Rosa avisó. Por favor, que no se enoje de nuevo.
DIEGO MARTINEZ / DIRECTOR
|