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Por
donde crecer Tiempo atrás, Celia Viana
sostuvo en PóLIZA que la mayor competencia que enfrentan las aseguradoras en Uruguay
es la de quienes no se aseguran. Entendemos que tal afirmación es incuestionable,
e invita a profundizar y hurgar sobre los motivos del no seguro ampliamente instalado
en nuestra plaza, si verdaderamente aspiramos a crecer y desarrollar un mercado
más vigoroso. Por una parte está a la vista la ausencia de cultura de seguro
en Uruguay. Casi ninguno de nosotros cree que puede chocar, ver incendiar o arrasar
por una tormenta su casa, o entre otros ejemplos, llegar a edad de retiro sin
una digna retribución del sistema. Observamos al seguro de vida como un seguro
de muerte y las autoridades educativas siguen creyendo que hay que otorgarle currícula,
textos y docentes a Tutankamon, Carlomagno y el polinomio de segundo grado, pero
no al tránsito y sus múltiples complejidades. Por otro lado, la intrincada
organización que posee nuestro país en diversos ámbitos de su funcionamiento (previsión
social, salud, vivienda, educación, crédito), ha provocado una suerte de parálisis
en la oferta de productos que está en condiciones de realizar el sector asegurador
y reasegurador. Si el sistema pusiera sus fronteras en claro y liberara funciones
y roles, muy probablemente la comunidad de seguros respondería con opciones, productos
y servicios hoy, aunque necesarios, inimaginables por los usuarios. Tal vez
sea a partir de estos dos razonamientos, que el crecimiento de los seguros encuentre
caminos para prosperar en el país. Lo deben asumir así quienes tienen responsabilidades
en el desarrollo del mismo, gobierno y oposición, así como las compañías y los
corredores que cuentan con la capacidad técnica para llevar a términos concretos
las nuevas realidades que hay que alumbrar. Campos como el de la previsión
social, el de la salud, el crédito, la educación, la vivienda, advierten hoy que
el seguro y el reaseguro cumplen una función mucho más allá que la de reparar
y es la de respaldar, garantizar y consiguientemente volver sustentables, otras
actividades esenciales y centrales en la vida de la comunidad. La adquisición
o arrendamiento de una vivienda, el tratamiento de una dolencia, el acceso a una
remuneración decorosa en el momento del retiro, la vigencia del contrato educativo
para el educando cuando se altera alguna circunstancia de la situación paterna,
la ineludible fianza para el crédito y las contrataciones tanto privadas como
públicas, éstas y muchas otras más, son actividades que pueden y deben verse favorecidas
por una presencia activa y contundente del seguro y sus nuevos roles. Hay
que avanzar, avanzar, avanzar con los seguros. Así se aclararán estas tan confusas
fronteras que existen en las actividades fundamentales del Uruguay. Y así creceremos.
DIEGO
MARTINEZ / DIRECTOR
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