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Miremos cerca, pensemos lejos

Sólo en rutas nacionales ya han muerto este año más de cincuenta personas en el territorio nacional. Más de la mitad de ellas eran motociclistas.
En el Sanatorio del BSE, a diario ingresan por accidentes entre cuatro y cinco trabajadores de Deliveries.
Son, éstas y otras, informaciones de accidentes, por supuesto. Son al mismo tiempo efectos, resultados, producto, de una sociedad que ha resuelto no mirar una parte trágica de su propia realidad. No mirar, ni siquiera lo más cercano, es al mismo tiempo cerrar los caminos para el pensamiento, para el análisis, para la imaginación del futuro que esa sociedad nuestra debería querer forjar. "Debería…". Debe.
Una mirada cotidiana, permite confirmar que las nuevas normas aprobadas sobre tránsito y seguridad vial sufren un sistemático incumplimiento. El uso del casco por los motociclistas, el abrochamiento del cinto por todos los pasajeros -los delanteros y traseros-, las luces encendidas, la no ingesta de alcohol por conductores, el traslado de niños en vehículos, el paso de los peatones en aceras y calzadas. Todos estos aspectos que hoy forman parte de normas obligatorias, reciben a cada instante cachetazos de parte de los usuarios del tránsito y asimismo de las autoridades, fundamentalmente de las inspectivas que siguen actuando como meras máquinas recaudadoras.
Mirar para atrás, que a veces no es aconsejable, nos ofrece sin embargo en este aspecto una acumulación de datos de tal carácter, que podría volver irrisorio a más de uno de los eventos catastróficos que hoy sacuden al mundo. En nuestro país, en las últimas tres décadas, murieron más de veinte mil personas como consecuencia de accidentes de tránsito. Como ha ocurrido a lo largo del tiempo y en eventos particulares, la situación no se mira en su acumulación. Tal vez por ello tampoco se piense como lo que es, la gran epidemia nacional.
El mundo de avanzada, el que piensa, el que trabaja para consolidar el respeto, la seguridad y la libertad entre los seres humanos, ya prepara un futuro sin accidentes. Frenos automáticos ante inminencia de choques, parabrisas inteligentes, muñecos de prueba virtuales para las pruebas de ensayo, robots doctores y autos predictores de lesiones. Todo ello apunta a otra cultura que necesariamente implica cumplir con las normas vigentes. Ninguna ciencia, ninguna tecnología, es capaz de detener a una sociedad que es culturalmente suicida. Y aún peor, lo quiere ignorar.
La República Argentina acaba de generalizar para todo su territorio el sistema de habilitación por puntos. En un tiempo prudencial, todos quienes aspiren a conducir vehículos y ser usuarios del tránsito, formarán parte de un sistema que castigará y premiará la responsabilidad -en principio se establecerán veinte puntos- y fundamentalmente tendrá registro y memoria de la conducta social. PóLIZA da cuenta de las particularidades de esta medida páginas más adelante.
Por aquí seguimos escondiendo inspectores a la vuelta de alguna esquina, paramos autos con chapa de otros departamentos, renovamos un kafkiano debate sobre patentes y nos impactamos con las imágenes en televisión de picadas noche a noche. Decenas de nuevas medidas y decisiones, esperan que una voluntad y un pensamiento de largo plazo les otorgue vigencia, les de vida. Para brindar, precisamente, más vida al futuro que llega.
¿Seguiremos sin mirar?

DIEGO MARTINEZ / DIRECTOR

 
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