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Los riesgos
por delante
Si observamos el pasado reciente, una
enorme masa de informaciones flota, fluye, rebota entre nuestras
memorias.
Con suerte y viento a favor, ese producto informativo de la
realidad terminará en una estadística. Es que
en general, la información sobre errores, omisiones,
negligencias, tiende a alojarse en Uruguay en espacios reservados,
donde el sentimiento de culpa no pueda llegar y de modo que
no haya que trabajar mucho. Esto ocurre pese a quien pese
y aunque estemos predispuestos con nuestros actos y hechos
de cada día, para multiplicar esa información
de tragedia y dolor.
Cuando el 2009 avanza y arranca hojas al almanaque sin mirar
para atrás, sólo nosotros -seres humanos libres
y concientes- podemos recuperar del pasado datos y registros
de modo de construir a partir de ellos un presente mejor.
Se quemaron durante los últimos meses, miles de hectáreas
como consecuencia de incendios en su mayoría originados
en la mala intención y en la imprudencia. Los accidentes,
fundamentalmente de motociclistas, siguen colmando cementerios
y salas de emergencia de hospitales. En los hogares, un silencioso
proceso de accidentes domésticos, vulnera la integridad
física de las familias. En establecimientos educativos
es cada vez más frecuente la presencia de estudiantes
con armas. Casi cuatro años atrás, un huracán
pocas veces visto por estos pagos, destruyó propiedades
y se cobró varias vidas.
La interrogante es, pues, si estamos concientes que el pasado
nos tira del saco y nos advierte que lo peor aún no
ha llegado. Sólo con pensar que la comercialización
de motos continuará incrementándose, o que el
envejecimiento de nuestra población llevará
el mismo destino, podemos imaginar que es necesario anticiparse
a los riesgos y tomar decisiones.
En contadas ocasiones los líderes en Uruguay definen
objetivos. Un país sin humo, un país con 911,
un país libre de Aftosa, y algunos pocos más,
terminaron materializándose como realidades y las derivaciones
de haber alcanzado el objetivo fijado reportaron y lo siguen
haciendo actualmente, incuestionables beneficios para el país
y su gente.
Debemos definir ahora, que otras problemáticas de nuestra
realidad sean abordadas con la decisión de transformarlas
en soluciones.
En el tránsito es impostergable ir a fondo y de inmediato
sobre todo lo que está pasando con las motocicletas.
Por donde se ande se multiplican los accidentes en los que
este tipo de vehículo es protagonista permanente. Naturalmente
que otras innovaciones que PóLIZA ha propuesto desde
sus páginas -libreta de conducir por puntos, educación
sobre tránsito como materia obligatoria- deben seguirse
evaluando y preparando para su concreta aplicación.
Los meses que vienen deben registrar un trabajo sistemático,
conciente y público, respecto al fuego y sus riesgos.
No puede sorprendernos el próximo verano con incendios
que desde ya pueden y deben ser prevenidos.
El reciente Simposio de CELADE sobre cambio climático,
advirtió respecto al papel que pasará a tomar
el agua y el viento en nuestro territorio. En este sentido,
las autoridades deberían estar ya adoptando medidas
para que sea la propia comunidad la que autogestione una suerte
de defensa, de organización civil, para enfrentar los
embates de la naturaleza.
En los liceos es propicio implementar medidas de prevención
respecto al ingreso de estudiantes con armas. Hay que hacerlo.
Y a las familias es preciso aportarles más información
sobre prevención de accidentes domésticos, fundamentalmente
porque nuestra población envejece y esa circunstancia
incrementa los riesgos dentro del propio hogar.
Parecería que hay algunas tareas por delante.
DIEGO
MARTÍNEZ/ DIRECTOR
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