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Las fronteras
del seguro
Algo explica que el seguro en Uruguay no logre un crecimiento
de mayores dimensiones y que el salto cualitativo y cuantitativo
tan anhelado, esté latente, en suspenso, como si una
mano oculta y poderosa retrasara su gran momento.
Es probable que por no creer nuestro país en el individuo
y su derecho a buscar la felicidad por el mejor camino, históricamente
y en la propia actualidad siempre opte por soluciones colectivas,
muchas de ellas a través del Estado y en ocasiones,
con monopolios de por medio. Así se forjaron, por ejemplo,
en salud las opciones mutuales, en accidentalidad laboral
el monopolio estatal del Banco de Seguros y en la previsión
social, el ahora disminuido aunque vigente también
monopolio estatal del Banco de Previsión Social.
Otras situaciones que involucran intereses sensibles de las
familias uruguayas y sus integrantes, también están
marcadas por soluciones corporativas o estatales en que los
intereses del individuo siempre están en situación
de inferioridad. Al respecto, alcanza con detenerse en la
penuria que provoca acceder a una garantía para arrendamiento,
o para un crédito personal o social. O en el privilegio
que implica obtenerla, al requerirse la calidad de funcionario
público o pasivo.
En todas estas situaciones -a las que podría sumarse
otras de la operativa comercial como las garantías
de cumplimiento de contrato, o las cauciones- reside un potencial
territorio que el seguro puede ocupar con solvencia y eficacia.
Hay allí un campo alambrado por normas todas inspiradas
en el corporativismo o en los intereses del Estado. Y que
en cuanto y tanto se abatieran, la ductilidad, especialidad
y creatividad del seguro ofrecerían productos, formatos,
soluciones, adecuadas a cada individuo. Se trata que Uruguay
abandone ese cansino estado de bienestar y forje por fin el
bienestar del individuo. En ese dilema filosófico y
político habitan hoy las fronteras del seguro.
Pero los ruidos de palacio parecen indicar que nadie va a
desalambrar nada. Sólo a estar a la reforma de la salud
proyectada, alcanza para enterarnos que la centralización
y el estatismo crecerán en el menú de opciones
sanitarias de los uruguayos. Una vez más se dribleará
al seguro, se postergará al individuo y se enaltecerá
al Estado y las grandes corporaciones.
Tal vez quienes hoy son responsables de la oferta aseguradora
en el país, tengan que multiplicar la fuerza de sus
prédicas y hacer entender el valor y función
del seguro. Hasta ahora, la mayoría está del
otro lado de la frontera. Y además, ciega y sorda.
DIEGO MARTÍNEZ/ DIRECTOR
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