
Diego Martínez
La decisión de ser mejores
Haber pasado, una década atrás, del monopolio a un sistema
de libre mercado, hizo a la actividad de seguros en Uruguay
mejor. Nadie lo puede discutir. Lo sabemos todos y principalmente
quien tiene la palabra final, los clientes, los usuarios,
los consumidores. Los asegurados y asegurables.
Hoy, pues,
estamos mejor. Pero sin embargo no estamos lo bien que deberíamos
y que verdaderamente podemos estar... si queremos. Rápidamente,
algunas preguntas podrían orientar a quien desconozca nuestra
plaza de seguros, a formarse una visión bastante insatisfactoria
de la misma. ¿Existen reservas monopólicas en el mercado?
¿Rigen normas que regulen con actualidad a empresas y profesionales
de la actividad de seguros? ¿Qué niveles ha alcanzado la educación
en seguros en nuestro país? ¿Cómo encara el gobierno de la
república al seguro y su función, económica y social?¿Se aplican
las normas tratando a todos por igual?
En Uruguay
aún rigen reservas monopólicas. La actividad carece de una
ley del contrato de seguro y de un estatuto del Corredor.
La educación sobre seguros no ha alcanzado un nivel terciario.
El gobierno y la mayoría oficialista del Parlamento han determinado
que, por ejemplo, el seguro de vida pierda su exoneración
y pase a estar gravado. El Poder Ejecutivo ha resuelto por
decreto, que un fondo de una institución particular de salud
ostente la calidad de mutua cuando no reúne los requisitos
para ello.
La pregunta,
tal vez, central, que debemos hacernos ante estas respuestas
es si verdaderamente estamos en un camino para ser mejores.
Hoy nos atrevemos
a afirmar que es el sector público y gubernamental el que
está en deuda con la actividad de seguros y que ésta -a través
de sus actores más grandes y más pequeños, con sus dificultades
y ritmos propios- ha ido proponiendo, generando y aportando
lo necesario para ser mejor. Hay una decisión de ser mejores
por una buena parte de los actores del sector seguros.
Pero se hace
ostensible que el sector público hoy ha quedado rezagado,
fundamentalmente en lo que hace a su tarea esencial, definir
reglas de juego, normas, claras y estables. Quien hoy mire
hacia el gobierno, siente que no pasa nada. Y si pasa, pasa
contra el seguro como lo evidencian las nuevas normas tributarias,
o las definiciones del Ministerio de Economía, o las quietudes
del Parlamento.
El sector
de seguros, desde aquí, desde allá o desde acullá, sigue dando
buenas noticias. Como la del Estudio Barrera & Asociados,
especializado en seguros, con su certificación internacional.
O la de una nueva generación de operadores, que emerge en
la plaza con ímpetu innovador.
En fin, sería
positivo que nadie se distraiga de lo que tiene que hacer.
Para que todo sea para bien.
DIEGO MARTINEZ / DIRECTOR
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