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Estamos
mal, vamos bien
Nos consta el dramático proceso
que representa nuestro tránsito y las consecuencias
que a cada momento el mismo depara en las familias y en las
finanzas de nuestro país.
Los accidentes de tránsito constituyen una epidemia
-mucho peor que la que nos depara la peste porcina- que mata,
lesiona, entristece y sin embargo no asusta en la medida que
lo hace un apretón de manos con alguien que llega de
México, o con la picadura de un mosquito (que por efecto
de tanta y tanta publicidad SOBRE EL Dengue, a esta altura
parece peor que la mordida de una serpiente de cascabel).
La cuestión es, pues, que si tan trágico proceso
no asusta de modo que nuestras conductas cambien, otro poderoso
envión cultural debería sacudir a nuestra gente
para que advierta la amenaza de nuestras imprudencias e ignorancias.
Decimos esto, porque alcanza con circular por Montevideo un
par de horas para registrar accidentes por doquier. Y en ellos
casi nunca falta una moto (tal vez en ellas, las motos, pueda
advertirse una buena parte de la causalidad para esta matanza
y carnicería que a diario ocurre, que presenciamos
y que aceptamos como si fuera una función televisiva).
Desde PóLIZA hemos sostenido invariablemente y lo seguiremos
haciendo, que esta situación requiere de un paquete
de medidas y herramientas, que involucren a instituciones
y protagonistas hoy muy al costado, casi espectadores de todo
esto que ocurre. Sostenemos la Libreta de Conducir por Puntos,
la enseñanza curricular de la seguridad vial en el
sistema educativo, la participación de los Directores
de Liceos en los trámites para habilitar a conducir,
la incorporación de los Instructores de manejo al sistema
educativo, entre otras medidas.
Nuestro país ha aprobado varias normas que empiezan
a marcar la cancha de otro modo. Los conductores -aficionados
o profesionales- y los peatones, son ahora en mayor medida
concientes que por sobretodo son "usuarios de la vía
pública", por lo que no existen ya exonerados
de la responsabilidad en esta historia del tránsito.
Se es tan responsable al cruzar una calle con semáforos
en calidad de conductor como en calidad de peatón,
se es tan responsable si se conduce un vehículo sin
abrocharse el cinturón, como ir de pasajero en un asiento
trasero en la misma situación. Ni qué decir
de las normas sobre tolerancia de alcohol en sangre, que además
están siendo controladas en su cumplimiento con buen
resultado.
A pesar de estos y otros esfuerzos, los resultados son decepcionantes.
Faltan más medidas y más contundencia y velocidad
en la aprobación de las mismas, para que los resultados
den cuenta que aunque se está lejos del ideal al que
aspiramos, como sostiene en este número de PóLIZA
el Presidente del Centro de Protección de Choferes,
"evolucionamos favorablemente".
Hay que hacerlo y ya!
DIEGO MARTÍNEZ/
DIRECTOR
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