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Esta
quietud inconveniente En ciertas circunstancias,
el movimiento, la acción, el avance, pueden resultar perjudiciales para
la vida de las personas. Alcanza con pensar en los vehículos o peatones
que segundo a segundo se desplazan sin respeto a las normas y los efectos dañinos
que ello termina ocasionando. O lo que puede resultar de la agitación de
ciertos productos químicos, o de la liberación repentina de agua
represada, o la activación de energía en un motor. Pero la ausencia
de movimiento también perjudica en ocasiones la realidad. La actual y la
posible. Es lo que ocurre con varios aspectos de la actividad de seguros en Uruguay.
No hay ley sobre seguros en este país. Y todo está quieto en el
Parlamento. Falta un Estatuto que regule la actividad de los corredores y
aunque existe proyecto, éste duerme en su carpeta parlamentaria. Lo
mismo ocurre con el proyecto para establecer la obligatoriedad del seguro de RC
en automóviles.
En otros ámbitos parece avanzar un riesgoso
contagio. Compañías de seguros con reconocida solvencia en prevención,
aspiran a concertar planes y estrategias al respecto con organismos oficiales.
Pero estos no quieren avanzar. Prefieren la quietud. En el BSE nadie quiere
hablar, empezando por su presidente. Algo extraño, pues nos consta que
puede aportar mucho para el desarrollo de la plaza. En la Universidad estatal
nadie mueve un dedo para organizar una enseñanza terciaria sobre seguros.
En las privadas tampoco. Si por un momento nos paramos fuera del ámbito
de los seguros y miramos hacia adentro, una sensación de inmovilidad lo
domina todo. ¿Qué pasa? Pasa que falta conciencia respecto al
seguro y su función, falta protagonismo de los ámbitos públicos
que deberían estar desafiando a todos los actores, con proyectos y reglas
de juego, faltan voces más estridentes desde el sector privado. Hoy
por hoy existe una amplia coincidencia respecto a la herramienta y elementos que
la actividad requiere para desarrollarse. Pero la plaza necesita que alguien la
saque de su inconveniente quietud. ¿Quién pide la palabra?
DIEGO
MARTINEZ / DIRECTOR |