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El seguro y el pueblo

A mediados de los noventa, nuestra plaza de seguros -recién abierta a la libertad de mercado- tuvo una aproximación real, por primera vez desde la ley de Accidentes del Trabajo, hacia los sectores populares.
La creación del nuevo sistema previsional en Uruguay, deparó para centenares de miles de cotizantes y para las compañías aseguradoras, la posibilidad real de vincularse -en términos que hasta algunos podrían catalogar de matrimoniales- hasta que la muerte los separe. Serían en adelante, algunas compañías de seguros, las encargadas de pagar buena parte de las jubilaciones de los trabajadores del país. De miles y miles de personas que de pronto nunca en sus vidas habían tenido contacto con la actividad aseguradora.
Luego fueron sumándose otras modalidades en que el seguro continuó llegando al pueblo. Coberturas con relación a la vivienda y su adquisición en cuotas, al crédito vía tarjetas, al campesino y sus múltiples riesgos con el clima, o a productos complementarios en el sistema de salud. Cuando recientemente entró en vigencia el SOA (Seguro Obligatorio de Automotores), otra enorme cantidad de personas, centenares de miles según informaciones del BSE, inició su relación con el seguro. En general, usuarios de vehículos que sin la aprobación de la obligatoriedad, hubieran optado por permanecer al descubierto. Un reciente Seguro de Alquiler que ha introducido PORTO SEGURO en el mercado, también está contribuyendo a desmitificar la función del seguro como herramienta de los sectores más pudientes.
En hogares de muy bajos ingresos, pero con acceso a ciertas tarjetas de crédito, se empieza a optar por seguros individuales de muerte por accidente con beneficios inmediatos y directos para los familiares del asegurado. Por muy poco dinero, del mismo modo en que ya lo venían logrando los seguros colectivos de vida, o de vida y retiro, el microseguro también contribuye a hacer del seguro, un respaldo confiable para las familias trabajadoras de nuestro pueblo.
En definitiva, vivimos otros tiempos.
Sepamos pues interpretar, todos, gobierno, compañías, comunicadores, asesores profesionales, que existe una inmejorable oportunidad histórica para instalar definitivamente una cultura de seguro en el Uruguay. Y auspiciar así que desde el crédito hasta la vivienda, o la educación, desde las cirugías más imprevisibles, los errores de los jerarcas públicos, o ejecutivos privados, hasta los ahorros bancarios, el cumplimiento de los contratos, el cumpleaños de quince o la jubilación completa, todo pueda estar vinculado, en una dilucidación favorable para la gente común, al seguro y sus funciones.
Si abatido el monopolio hace quince años, nuestra realidad hoy es mucho mejor y promisoria, pues entonces ya sabemos lo que hay que hacer en los próximos quince años.

DIEGO MARTINEZ / DIRECTOR

 
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