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El
riesgo de no entender los riesgos En Uruguay se comercializaron durante
al pasado año, cerca de cien mil ciclomotores. Alcanza con imaginarlos
uno detrás de otro, para advertir que el espacio vial del Uruguay cuenta
ahora con al menos cien kilómetros más de fierros en movimiento,
con las consecuentes impericias de sus "conductores", atropellamientos,
excesos, imprudencias y cómo no... audacias, naturales en quienes pasan
a disponer de un elemento que reporta poder. El poder de la velocidad, que como
sabemos es al mismo tiempo, el poder de matar o matarse. Así las cosas,
la prensa diaria nos apabulla con reportes de accidentes en que cada vez con mayor
frecuencia, la moto es protagonista permanente. Hasta los años noventa,
era una general convicción que para elevar la calidad de la salud del pueblo
se necesitaba construir hospitales y multiplicar las plazas de atención
en ellos. Los uruguayos creíamos que a más hospitales y camas, mayor
era el nivel de salud de nuestra población. Hasta que un experto en
políticas de salud, el doctor Félix Rígoli, pisó fuerte
en varios ámbitos con un criterio que ojalá termine por cambiar
esta perversa relación de los uruguayos con mitos que le viven conduciendo
a la ignorancia y a la tragedia. Sostuvo Rígoli que nuestro país
para cambiar su salud, no necesariamente debía construir más hospitales,
ni tan siquiera agregar más camas en los existentes. Uruguay debía
modificar los hábitos de su gente en relación al tabaquismo, a la
dieta y al tránsito. Por diversos motivos, fumar era lo culturalmente
correcto. Era de guapo, de elegante, de distinguido o de interesante. Y así
el cáncer de pulmón pasó a explicar la muerte de miles de
compatriotas año a año. Los cuarenta y tres elementos cancerígenos
que ingresan al cuerpo con cada pitada era algo ignorado. Tal vez hasta hoy mismo,
en que el país sin duda ha avanzado con la prohibición de fumar
en espacios públicos cerrados. Pero en mayor o menor medida, todavía
miles de personas se sienten fuera de las estadísticas en cuanto al tabaquismo
y sus funestos efectos. Con la alimentación ocurre algo similar. Nuestra
inclinación por alimentos a base de grasas saturadas, ha contribuido a
ubicar a las enfermedades cardio vasculares como primera causa de muerte. Muchos
uruguayos tienden hoy a modificar su dieta, su apego al sedentarismo, su sobrepeso.
Pero muchos más deberían salir de la ignorancia, que empieza por
agobiarles la salud y termina por agobiarles la vida. Volvamos al principio.
Muchos, miles y miles de quienes han empezado a conducir motos, ignoran los riesgos
que han pasado a generar, para ellos mismos y para los demás. La circunstancia
es, pues, compleja. Existen riesgos expandidos, pero además existen ignorancias
estructurales sobre los mismos. Pregúntese a las autoridades educativas,
si están en condiciones de garantizar una mínima alteración
en la reproducción generacional de estas ignorancias. Oportunamente propusimos
que el Tránsito debería ser una asignatura obligatoria en el Ciclo
Básico y Bachilleratos, al tiempo que transversal en los años de
la primaria. Es más, propusimos que la habilitación para conducir
fuera otorgada con la participación de los educadores y profesores de la
enseñanza media. Resultado hasta ahora, silencio. Algo parecido al
de los sepulcros. ¿Alguien gritará por fin?
DIEGO MARTÍNEZ/ DIRECTOR
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