El
efecto espejo
En ámbitos docentes se recurre al denominado "efecto
espejo" para consolidar la formación de los educandos.
Los alumnos reflejan las imágenes que reciben como
positivas o negativas desde sus docentes y padres y esa función
repercute en el comportamiento.
Quienes sostienen y ejercen esta dinámica, llegan a
sostener que funciona en todas las edades y en todas las relaciones
humanas. Sociólogos, sicólogos, mercadólogos,
también nos explican el rol ejemplificante de líderes
y grupos de referencia para la toma de decisiones. De modo
que -más allá de las terminologías de
cada especialidad- hay efecto espejo en cada conducta humana,
en la de líderes, padres, educadores, gobernantes y
tantos otros referentes cuyos comportamientos marcan y condicionan
el de otras personas.
Recientes documentos oficiales dan cuenta de cifras dramáticas
en relación al tránsito en Uruguay. Casi treinta
mil personas resultaron lesionadas el año pasado en
accidentes de tránsito y 556 fallecieron, lo que representa
un incremento respecto a cifras del año 2009.
Es constatable que en varios ámbitos se analizan las
causas de estos resultados, se proponen estrategias para enfrentar
el fenómeno y también se aprueban normas con
el propósito de organizar en mejores términos
las conductas en el tránsito.
Pero todo ese esfuerzo que se despliega desde varios ámbitos
y por personas de buena voluntad, tiene una perspectiva incierta
en sus resultados en tanto sobreviva el conjunto de conductas
que -desplegadas por referentes del sistema- opera en la sociedad
como efecto espejo negativo.
El intendente que anuncia no exigir el uso, obligatorio por
ley, de casco en los motociclistas; los conductores que trasgreden
una por una cada norma; las "picadas" toleradas;
jerarcas que viajan en vehículos oficiales sin utilizar
el cinturón de seguridad; prensa que avisa al público
sobre lugar y hora de actividades inspectivas; inspectores
de tránsito que funcionan como cajas recaudadoras sobre
ruedas y no como correctores; infracciones que se solucionan
pagando una multa y olvidando la conducta que les originó;
y
y
, y tantas y tantas conductas que en su proliferación
van consolidando un efecto espejo negativo en toda la sociedad.
Un fenómeno que tiene algo de Cambalache con motor,
que lesiona, que mata y que a la hora de llorar, de enterrar
muertos, de cuidar lesionados, es invisible.
Las cifras que mencionamos párrafos atrás, no
admiten la menor demora para abordar con decisión las
causas que promueven este drama nacional, la peor epidemia
que ha sacudido y sacude al Uruguay en su proceso histórico.
Y asociadas a las mismas, sean cuales sean que se elijan como
principales, debe estar la voluntad de revertir el efecto
espejo negativo en positivo. En ello nos va la vida. La vida
de verdad. Y por tanto debe haber decisiones trascendentes.
DIEGO MARTINEZ / DIRECTOR
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