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Diego Martínez
Debe terminar la improvisación En Uruguay nos jactamos de
la ausencia de desastres. Ni terremotos, ni guerras, ni pestes, ni inundaciones.
Sin embargo, en la medida que corrieron los días luego del pasado 23 de
agosto, entendimos que el huracán que pasó por aquí fue parecido
al Katrina. Con dos diferencias, una en el nombre, que el nuestro no tenía
y otra en los efectos, menos dañinos aquí. Nos protegió el
carácter de nuestra construcción edilicia y por ello la situación
no desembocó en un desastre generalizado. Pero la desgracia campeó,
se perdieron varias vidas humanas y ocurrieron múltiples daños materiales.
No todo terminó ahí. Hasta ahora no se ha podido saber qué
ocurrió con la advertencia meteorológica que debió hacerse
a la población. Tampoco hemos sabido de iniciativas para organizar grupos
civiles de rescate y apoyo, que ante situaciones similares puedan en el futuro
ofrecer una respuesta inmediata a los afectados. Entendamos bien. Murieron
habitantes de esta tierra, miles de árboles cayeron, cables, antenas, viviendas,
se desmoronaron. Cantidad de vehículos resultaron destruidos. No lo vimos
por televisión. Ocurrió aquí en vivo y en directo. Llama
la atención que nada se disponga para prevenir situaciones similares. Seguimos
atendiendo, por ser generosos en el concepto, lo urgente y no lo importante.
Ocurre también con el fuego y con el tránsito. De pronto arden
centenares de hectáreas forestadas. Luego, parece libretado, nos enteramos
que un asado provocó todo y que la dotación de bomberos de esa zona
es apenas testimonial. En el tránsito tenemos nuestra peor epidemia.
Centenares de personas mueren en este país cada año. Y la historia
se repite doblemente, pues quienes más mueren además, son los jóvenes.
Es hora pues de superar esa historia de nunca acabar, por la cual siempre estamos
detrás de los problemas, a los tropezones y perdiendo por goleada. Eso
se llama improvisación y debe terminar. Los operadores públicos,
aseguradores, corredores, prevencionistas, comunicadores, forestadores y vecinos,
deben establecer un ámbito permanente desde el cual definir estrategias
para prevenir desastres. Y así estar siempre un paso delante de los problemas.
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