Cuando aún importa
Juan Carlos Onetti habla de su muerte en los últimos
párrafos de "Cuando ya no importe". La menciona
tres veces y convoca al lector, inexorablemente, a un escenario
de tal belleza que sólo su pluma puede describir...
"Otra vez, la palabra muerte sin que sea necesario escribirla.
Hay en esta ciudad un cementerio marino más hermoso
que el poema. Y hay o había o hubo allí, entre
verdores y el agua, una tumba en cuya lápida se grabó
el apellido de mi familia. Luego, en algún día
repugnante del mes de agosto, lluvia, frío y viento,
iré a ocuparlo con no sé qué vecinos.
La losa no protege totalmente de la lluvia y, además,
como ya fue escrito, lloverá siempre".
Onetti construyó un universo propio, personal, en el
que transcurrió su escritura y buena parte de su vida.
También la muerte y algo de lo que hay, o viene, después.
Sólo los genios, o raros, pueden hacer eso. Que lo
que habitualmente perturba, agrede, amenaza, lesiona, o directamente
termina con nuestras vidas, forme parte de algo en que nuestra
voluntad define el cómo y el cuándo. Algo así
como vida y muerte elegidas.
Esa ficción sustituye de tal modo a la realidad, que
pone a la propia muerte en línea de espera y sugiere
la tumba como una vulgar habitación en la que se instalará
eternamente al lado de la lluvia.
Todo esto que Onetti sugiere desde su narrativa, se instala
y late del otro lado de una realidad que para millones y millones
de habitantes del planeta, de sus campos y ciudades, es una,
es como es, es lo que hay. En la cual la alternativa frente
a sus amenazas, más acá de la imaginaria ciudad
que creó el escritor -Santamaría- y sus protectoras
opciones, lo posible es apenas un momento y un metro cuadrado
para tomar la decisión de avanzar hacia un estado mejor
de las circunstancias y condiciones en que a cada uno le toque
vivir.
A las amenazas de ese mundo de los comunes, de este mundo
que se nos impone, a los riesgos de vivir en él, es
posible encararlos, abordarlos, prevenirlos. Tal vez de un
modo diferente al que utiliza Onetti para tratar los que a
él le tocaron, que aborreció o rechazó
y de los que se guareció, entre otros los "colegas
oficinistas", o sus propias y personales "pasadas,
pequeñas infamias".
En las páginas a continuación, entrevistados
y columnistas de singular experiencia e idoneidad en diversas
especialidades, ofrecen conocimientos, técnicas, propuestas,
para que cada lector aumente su capacidad de vivir con más
seguridad, mejor prevenido, más cerca de la libertad.
Algo así como para que la necesidad de ser libre y
feliz, de amar pese a todo, que llevó a Onetti a negar
el mundo de su tiempo y crear un universo nuevo, "Santamaría",
lleno de momentos y de eterna lluvia, nos impulse a actos
similares, negar lo inaceptable, soñar lo deseable
y avanzar. Sí, avanzar. Pues aún importa.
DIEGO MARTINEZ / DIRECTOR
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