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¿Un amigo Corredor, o un Corredor amigo?

Durante décadas, mientras el corretaje de seguros en Uruguay estaba más próximo a lo artesanal que a lo profesional, era usual escuchar a los clientes afirmar algo como esto: "Le di los seguros a un amigo".
De esta manera, en ciertas ocasiones, los asegurables depositaban el destino de su patrimonio en personas no profesionales, no capacitadas debidamente para prestar la función de intermediación, en definitiva en improvisados a quienes por compasión, por obligación o por simpatía, se les reconocía un inmerecido rol de corredor.
El proceso que en la actividad de seguros disparó la ley de desmonopolización de 1993, abrió cauces para que ciertos conceptos -de antiguo vigentes y operativos en el mundo moderno- cobraran vigencia también por estos pagos. Así pues conceptos como el de la calidad, el servicio, el asesoramiento técnico, la personalización, la comunicación, los derechos del consumidor, fueron ocupando territorios cada vez más amplios en la cultura de seguro de Uruguay.
Quienes ejercen la intermediación, el corretaje, el asesoramiento profesional en la actividad de seguros de nuestro país, recorren con eficiencia y compromiso -y en ocasiones se han adelantado- todo este proceso que sin duda posee al concepto de la profesionalidad como motor y factor central. Hoy está claro que en la actividad de seguros o se es profesional o no se es. Se puede encontrar un amigo en el Corredor, pero no se puede ya hacer Corredor a un amigo si éste no es profesional.
Desde el sistema político, no se ha terminado de entender que es preciso dotar a esta estratégica función, del marco normativo que termine por instalar, consolidar, el valor profesional del Corredor de Seguros.
Para que ocurra es necesario insistir, insistir, insistir, ante quien corresponda, ante legisladores, ante miembros del ejecutivo, ante la prensa. Y despertarlos.
Todavía esa cultura del amiguismo hace de las suyas en la conciencia nacional. Y entre otras cosas, posterga el abordaje de la actividad y sus nuevas normas tan necesarias para completar el marco de la profesión de Corredor de Seguros.
Es que la inmensa mayoría de la clientela espera tener un amigo en el Corredor de Seguros profesional.
Que precisamente por contar con la idoneidad y la preparación para la función, así será recibido por el asegurado y por los aseguradores. Lo contrario, lo que ocurría con frecuencia antes, no termina bien. Y el sector quiere hacer las cosas bien.

 

DIEGO MARTINEZ / DIRECTOR

 

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